miércoles, 21 de diciembre de 2011

Riesgo y Motivación



El riesgo se ha hecho parte integral de nuestras vidas, aunque siempre ha existido entre nosotros, hoy por hoy, a pesar de los niveles tecnológicos que manejamos, nos acercamos cada vez mas a la incertidumbre sobre nuestro futuro y las diferentes circunstancias y actividades que lo generan. En este sentido América y más aun Sur América fue un continente que nació marcado por el riesgo, el riesgo de un proyecto absurdo que mandaba al traste todos los preceptos existentes hasta el momento. Arriesgarse a caer por el borde de un mundo plano puede ser el inicio de lo que hoy representaría vivir en una ciudad como la nuestras, en la que el delito rebasa cualquier razonamiento lógico.
En efecto, arriesgarse no es mas que estar dispuesto a reaccionar de una manera apropiada en una circunstancia cargada de impredictibilidad y esto es parte intrínseca del ser humano, lo que lo ha llevado a innovar, a salir de las cavernas y lanzarse al espacio sideral, a escalar las mas altas montanas y a invertir en valores y bienes virtuales. Es algo genético que llevamos dentro de nosotros. Tal y como lo comprobaron algunos científicos Israelitas al encontrar, dentro de las personas que solían tomar mayores riesgos, un gen llamado D4DR. Posteriormente corroborado por un grupo norteamericano que encontró un segundo gen que se encargaba de regular la ansiedad en este mismo tipo de personas.
Efectivamente con la aparición de nuestro sistema social, en el que la adquisición de bienes de consumo fue haciendo nuestra vida cada vez más confortable, llenándola de objetos muchas veces superfluos e inútiles, nuestra capacidad innata de asumir riesgos cotidianos fue desapareciendo y convirtiéndose en la capacidad de unos pocos, muchas veces consideradas personas apartadas de la realidad y amantes del peligro. Sin embargo, poco a poco nuestro sistema de vida fue tomando velocidades de progreso inusitadas. Donde la interacción de todos los países, sus economías e ideologías era cada vez más notable, fuimos adentrándonos en lo que hoy en día hemos dado por llamar “globalización”, un mundo virtual, basado en acuerdos de caballeros donde cada vez parece que las decisiones se tomaran segundo a segundo, donde el instinto ha superado a la razón y la capacidad de arriesgarnos se ha convertido en el arma fundamental para no detener este progreso. ¿Qué mayor riesgo que el de invertir, no nuestros bienes valores, sino los de otras personas, en títulos capitales cuyo comportamiento en el mundo es prácticamente impredecible?

La respuesta está en nosotros mismos, la velocidad del mundo nos ha exigido un nuevo elemento para sobrevivir a la vorágine social, en la que velocidad de respuesta de cada uno de nosotros a estos fenómenos que se nos presentan a diario y exigen arriesgar mucho de cada uno para poder superarlos. Esa respuesta es la MOTIVACIÓN. Elemento indiscutible que nos lleva a ser creativos y a buscar en la alianza con otros, la solución a esos riesgos que paso a paso encontramos en todos los niveles de nuestras vidas.
Si analizamos estas premisas, fácilmente podremos explicarnos el porque, en encuestas realizadas en los últimos años, el número de personas que se han sumado a la práctica de deportes de alto riesgo ha llegado a cifras sorprendentes. Muchos de nosotros necesitamos esa dosis de “adrenalina”, que nos permita reaccionar de manera oportuna en cada paso que damos, sin embargo... ¡ojo!, no quisiera que confundiéramos RIESGO con peligro y es aquí donde entra el factor MOTIVACIONAL a la palestra. Todo riesgo inducido o estimulado por una motivación puede ser considerado como un “RIESGO CONTROLADO”, es aquí donde nuestro conocimiento y capacidad de respuesta no pierde de vista los límites del éxito o del fracaso. Conocemos las posibilidades de las caídas, sin embargo sabemos como y con quien podemos apoyarnos y levantarnos nuevamente. Bien, aquí nos encontramos con el dilema: ¿Debemos tomar riesgos?, bien, yo diría más bien que debiéramos prepararnos para tomarlos, y la MOTIVACIÓN aquí es nuestro norte.

martes, 6 de diciembre de 2011

El Ávila… personalidad del caraqueño




Cuantos de nosotros no nos sentimos en deuda con ese verdor que nos abre los ojos todos lo días al despertar, que nos alegra la cotidianidad en una ciudad tan convulsionada como Caracas. Definitivamente “El Ávila” es parte de la personalidad del caraqueño y de muchos de los que viven a los pies de esta hermosa formación natural que debiera ser paso casi obligado del turista que visita la zona central del país y más aún el que escoge a Caracas como su objetivo. Al hacer referencia al Ávila me voy a circunscribir al perímetro que ocupa el parque nacional que lleva este mismo nombre ya que sino incurriría en la posible falta de tener que abarcar otros perímetros de la Cordillera de la Costa que no son parte de mi objetivo en esta oportunidad.
El Ávila es para el “turista aventurero” como una tierna madre que le cuida y le da dulces consejos para enseñarle el ABC de un mundo desconocido y a la vez hacer que este se transforme en parte de nosotros mismos. Esta hermosa montaña guarda para el caraqueño un sin fin de misterios, en los que el rumor del viento y las quebradas cercanas son sus confidentes, que con su claridad le incita al descubrimiento de ese mundo ajeno que paso a paso se abre ante su visitante. Caminatas que hoy día, podrían parecer insignificantes y efímeras, nos abren un mundo en el que nos embriagan los colores del lejano mar combinándose con el azul del cielo y el verdor de la montaña, tres mundos en los que gustos y deseos por descubrir nuevos horizontes hacen de este uno de los lugares más especiales en la “Gran Caracas” y Venezuela.
Es indispensable resaltar que el Ávila se encuentra en el Parque Nacional que lleva su mismo nombre, por cierto, nombre que viene desde mediados del siglo XVIII por uno de sus propietarios el Sr. Juan Álvarez de Ávila, pero no es sino hasta el año de 1958 cuando es declarado Parque Nacional, lo que “hasta cierto punto” le da la protección hacia una avasallante ciudad como Caracas y sus habitantes, además con esto se facilita que las autoridades le doten de una infraestructura apropiada para el solaz esparcimiento de todos sus visitantes.

En el Ávila hay posibilidades para todos, desde los ávidos excursionistas que tienen la posibilidad de encontrar caminatas muy sencillas (Sabas Nieves y Pajaritos) hasta las más complicadas como el Pico Oriental y/o Pico Naiquatá, este último el punto más alto de la cordillera de la Costa. También tienen cabida las familias que desean subir con mayor confort en VEHÍCULOS 4x4 hacia “Los Venados” o “Galipán”, partiendo desde la zona de Cotiza. Finalmente, para los que solo desean aproximarse de una manera más “tímida” a las bondades de este hermoso lugar, existe la posibilidad de tomar el teleférico desde Mariperez para así poder disfrutar no solo de las bondades de la naturaleza sino de las atracciones que este ofrece al visitante. No podría finalizar sin tocar ese camino que desde la costa (Macuto-La Guaira) va cruzando sinuoso hasta llevarnos a Galipán y a través del cual no podríamos dejar de mencionar a “Zoes y su museo de piedras soñadoras” y los exquisitos restaurantes de “Paquea”, “Granja Natália” y “Le Galipanier”. Existen gran cantidad de detalles que pudiéramos sugerirles pero eso será para un futuro próximo.

domingo, 30 de octubre de 2011

FUTURO DEL MONTAÑISMO EN VENEZUELA


Un viejo dicho Budista hace notar que "Somos hoy lo que ayer deseamos ser, y seremos mañana lo que hoy deseemos ser". En este sentido la historia del montañismo en nuestro país se ha caracterizado por un lento y espasmódico avance que aún no manteniéndose al margen de la realidad internacional, ha mostrado siempre un retraso en cuanto a los objetivos alcanzados y de especial manera en cuanto a la reglamentación y el asociacionismo. Es extraño acudir a los organismos internacionales, Asociaciones de montaña, Clubes, Federaciones, Escuelas, en busca de permisos de escalada, patrocinio, y/o cupo de participación en competencias, cursos o actividades, y darnos cuenta que nos encontramos huérfanos en la dura realidad burocrática que rodea a esta actividad. En todas partes del mundo, incluyendo los países más recónditos y como muchos dirían "subdesarrollados" podemos encontrar hoy día un organismo rector y responsable de la marcha del montañismo, una voz cantante que pueda establecer bajo los canales de participación un criterio común en cualquier área o tema específico. Perú, China... Australia, El Tibet... La India, Estados Unidos... España o Francia, son ejemplos de que donde fijemos nuestra mirada podremos encontrar instituciones que de una forma u otra, con todos sus pro y sus contra, han permitido una proyección, y una partisipación más consona de una actividad que bien pudiera ser considerada popular, por sus efectos y alcances, como lo es el MONTAÑISMO.

Evidentemente el montañismo no escapa a la realidad de cualquier otra actividad deportiva o humana, especialmente porque cuando identificamos al montañista y su entorno, generalmente no podemos concretarnos en un área específica, aunque hoy día existe la tendencia a hablar del montañismo como una actividad deportiva al aire libre, que en efecto en la mayoría de los países del mundo podemos encontrarlo ubicado en las instituciones públicas de carácter deportivo. En Venezuela siempre hemos estado atrás en el deporte, y pretender darle importancia a hechos aislados, que de no ser por esfuerzos personales titánicos jamás hubieran podido consumarse, no nos hace salir de nuestra cruda realidad... no tenemos tradición deportiva... no tenemos "escuela". Podemos tomar como ejemplo cualquier deporte, desde el popular béisbol hasta nuestro elítesco montañismo y nos daremos cuenta que detrás de cada gran objetivo alcanzado se encuentra un "drama" humano lleno de esfuerzos personales, poco apoyo de los "clubes" y/o "asociaciones"...y mucho menos del estado. Esa visión de autoridad paternalista que nos ha acompañado desde hace muchos años nos ha obligado a ver en los organismos directivos de cualquier institución a unos elementos cuya finalidad "soberana es la de mantenernos (nos lo merezcamos o no) en actitudes y actividades que nos resulten agradables, sin participar directamente en el desarrollo en sí de un criterio personal que permita perpetuar a la institución misma en sí. Creo que ésta es la razón básica en sí por la que en nuestro país, aún a las puertas de un nuevo milenio, no seamos capaces de hablar de "verdaderas" Asociaciones deportivas que estén a favor del desarrollo y buena marcha de sus respectivas especialidades.

Sin querer repetir la tan acostumbrada frase, pero estando plenamente convencido de que toda crisis trae cambios... y generalmente buenos, el montañismo en Venezuela, al igual que el país en general, se encuentra en una de sus peores crisis, de la que ya podemos comenzar a ver elementos de originalidad y creatividad, que aunque se vayan desarrollando de una forma tímida, contrastando con nuestra tradición montañera venezolana, los veo con pié más firme y como una posibilidad segura de consolidación de esta hermosa actividad. No en vano podemos observar como el IND ha comenzado a reestructurar (con un criterio más acorde a la realidad) los así llamados deportes no tradicionales, entre los cuales estoy seguro que el montañismo, si incluimos a todas aquellas personas que de una u otra forma participan de la montaña como una actividad enriquecedora del cuerpo y el espíritu, reuniría a una cantidad de personas que dejaría con la boca abierta, no sólo a las autoridades estatales... sino lo que es peor aún... a nosotros mismos. Digo "lo que es peor aún" porqué no hemos sido capaces de percatarnos de los alcances que podría tener el montañismo como actividad lúdica si nos reuniéramos y fijáramos objetivos comunes. Mientras esto no suceda... seremos los de siempre... un grupo elitesco de "caminantes solitarios".

jueves, 29 de septiembre de 2011

Glaciares… fantasmas de las montañas





 Curso de Alta Montaña en el "Glaciarde
Timoncito" diciembre de 1980
A temprana edad y por motivos familiares, mi vista se regocijaba frecuentemente con aquellas manchas blanquecinas que se posaban permanentemente sobre las lejanas montañas merideñas, crecí con ellas, sin embargo, yo crecía y ellas empequeñecían. Casi no me di cuenta pero el destino… y también mi pasión me llevo a caminar desde el año de 1974 por los picos nevados de la Sierra Nevada Merideña. Ese hermoso Glaciar de Timoncito fue mi escuela de aprendizaje y más adelante, a mediados de los años 80 lo utilizaba con frecuencia para transmitir todas esas técnicas que había traído desde lejanas latitudes. La Garganta Bourgoin, la retadora ruta del Glaciar Norte del Bolívar y que decir de todas esas rutas que rodeaban a los colosos de la “Corona”… los picos Humboldt y Bompland, inclusive valdría la pena hablar también del tímido glaciar de la Concha.
Foto del explorador venezolano Charles
Brewer Carías en la Cara Este del Pico
Humboldt en 1977
No se cuando, pero de repente dejé de dictar cursos en el Glaciar de Timoncito, tuve que mudarme hacia el Glaciar Norte, que poco a poco se fue haciendo tan vertical y peligroso que nos fue imposible continuar con esta importante labor didáctica. Pero eso no fue todo, ante mis ojos incrédulos uno a uno fueron desapareciendo nuestros pequeños glaciares tanto así que en una oportunidad durante el año 2009 intenté realizar la ya acostumbrada escalada por el Glaciar Norte del Bolívar y, la mayor sorpresa fue encontrarme que los “crampones” y “piolets” que había dispuesto para facilitar la escalada no habían sido necesarios… un “boquete” de rocas había quedado al descubierto dividiendo esta gigantesca masa de hielo en dos.
Vista del Glaciar Norte del Pico Bolívar en 1980
Más sorpresivo fue el caso del accidente ocurrido el 2 de julio del año 2000 en el que perdieron la vida 5 jóvenes integrantes del Grupo de Rescate Enrique Bourgoin al ser arrastrados por un “Alud de Placas” ocurrido en el glaciar Nor-Oeste del Pico Humboldt. En efecto los glaciares se están retirando y a una velocidad que nuestra imaginación parece no acostumbrarse… las montañas cambian de rostro. No se trata de nada nuevo, ya en 1930 el ingeniero y geógrafo venezolano Alfredo Jahn, presidente de la Sociedad Venezolana de Ciencias Naturales, había hecho acotaciones de sus observaciones durante el lapso de diez años. En diferentes oportunidades había estado conversando al respecto con el gran explorador venezolano Charles Brewer Carías y viendo sus impresionantes fotos durante su igualmente memorable escalada al Glaciar Este del Humboldt nos asombramos permanentemente del radical cambio acontecido en nuestras montañas andinas, nos paseamos a la vez por diferentes teorías que se desenvuelven entre la ciencia ficción y las más sofisticadas mediciones atmosféricas y satelitales… lo cierto es una sola cosa, los glaciares están desapareciendo y este fenómeno golpea con más fuerza a las zonas tropicales, donde Venezuela ocupa un importante lugar. Gracias a algunas notas que me facilitó Ana de Bellard, hija de Eugenio de Bellard Pietri, él nos comenta sobre algunos factores concomitantes que ya se han hecho una contante entre los investigadores: “Entrada en una nueva era de calor, disminución de las áreas verdes en todo el planeta, aumento del espesor de la capa de CO2 atmosférico (efecto invernadero), destrucción paulatina de la capa de ozono, y no dudo de que a estas no se puedan añadir varias más de menor importancia”.
Vista del Glaciar Norte del Pico Bolívar en 2010
Apartando la gravedad de los cambios que se han producido y que producirán desde el punto de vista ecológico la perdida de los glaciares en diferentes partes del mundo, en Venezuela, las montañas no han dejado de ejercer su encanto pero cabe destacar que cada día nos encontramos con un ambiente diferente que nos obliga a adaptarnos a un fenómeno indetenible y a tomar medidas en pro de una conducta más consecuente con el daño ambiental que hemos ayudado a generar en estos frágiles ambientes.

jueves, 25 de agosto de 2011

POR LAS NIEVES DEL AFRICA



Un recorrido hacia la cima del Kilimanjaro
Sentado en el café Bamboo, en el centro de Arusha, es mucho más fácil evaluar la intensidad de los días pasados. Ya casi no recuerdo cuando salimos de Venezuela, creo pensar que fue el pasado 19 de Julio, sin embargo llevo tantos días viajando, que el pensamiento de casa y todas esas cosas cotidianas, luce ajeno y lejano. Pero ya comienza el retorno, esta noche salimos rumbo a Caracas, pero no sin antes hacer escala en Dar Es Salam y Ámsterdam.
Han sido muchas vivencias, entre las cuales, el ascenso al Kilimanjaro, la montaña mas alta de África, ocupa un lugar muy especial en nuestras memorias. Nuestra llegada al aeropuerto internacional Kilimanjaro quedo envuelta en el misterio de la noche. No seria hasta el día siguiente que nos percataríamos de estar realmente en territorio africano. Un clima ideal llenaba de colores el aire, donde cada uno de sus elementos disfrutaba de esta hermosa fiesta primaveral, la simpatía de su gente hacia de este lugar el sitio ideal para iniciar nuestra aventura. Un día de descanso fue suficiente como para llenarnos de expectativas y nerviosismo antes de la salida.
Fueron seis días muy especiales, durante los que 14 personas con las más diferentes inquietudes, pudimos compartir el ascenso de esta hermosa y especial montaña. La primera etapa, que comenzamos el día 23 de Julio nos llevo a la base de la ruta escogida "Machame", una de las más hermosas rutas para escalar la montaña según los entendidos. Nuestra caravana, después de todos los arreglos, estaba conformada por 32 porteadores, 2 cocineros, 2 asistentes de cocina, 4 guías de montaña y 2 asistentes de guía, naturalmente acompañados por nuestro grupo de 14 personas, sumando un total de 55 integrantes de uno de los grupos más numerosos que se encontraban tratando de escalar el techo de África.
La primera etapa de nuestro recorrido comenzó en "Machame Gate", una de las entradas al Parque Nacional Kilimanjaro, ubicada a 1.800 metros de altura y una temperatura que invitaba a caminar a través del hermoso bosque tropical que rodeaba toda la falda de la montaña. Una intensa humedad hacía del recorrido un verdadero laberinto entre la niebla y la densa vegetación, lográbamos avanzar metro a metro, hacia el objetivo de nuestra primera etapa, "Machame Hut". El altímetro marcaba 3.000 metros y repentinamente, al despejarse la niebla, bajo un hermoso manto rojizo, apareció delante de nuestra atónita mirada el coloso africano. Un segundo aire llenó nuestros pulmones y uno a uno fuimos llegando al campamento, para irnos acomodando bajo el intenso frió de la tarde en nuestras carpas y finalmente, después de una agradable cena, dar paso al merecido descanso del día.
Un hermoso amanecer era la mejor señal de que el tiempo estaba a nuestro favor, el "Kili" seguía manifestándose como un coloso que acompañaba nuestro camino hacia lo más alto de África. El ascenso del día fueron 850m. de desnivel por una pendiente muy pausada y unas 5 horas de camino, que nos colocaba en una extensa llanura volcánica llamada “Shira” (3.840m). Nuestra “caravana” se movía lentamente, sin embargo, como por arte de magia, al llegar a cada campamento lográbamos conseguir todo arreglado: carpas y equipaje en su debido lugar, la carpa comedor con todo su equipamiento listo… “lunch” sobre las mesas, agua hervida para el té o el café, todo esperando para que nuestro cansancio y apetito fuera atendido de forma inmediata. Este proceder no era fruto de la casualidad ya que se repitió día a día gracias al innegable apoyo de nuestro personal de Guías, Porteadores y “Staff” de cocina.
Paul, Hugo y yo ocupábamos las últimas horas de la tarde hurgando entre el suelo rocoso en busca de “obsidiana”, un abundante mineral de color negro intenso, producto de las antiguas erupciones de este inmenso volcán llamado… Kilimanjaro. Algunos aprovechaban para sumirse en un estado meditativo y de descanso, mientras que otros corríamos de arriba hacia abajo buscando el mejor ángulo y el momento mas apropiado para tratar de captar lo mas fielmente posible toda la belleza del lugar. El día nublado no solo sirvió para tener un caminar más fresco y efectivo sino también para brindarnos un atardecer lleno de tonalidades grisáceas en el que la luz trataba de escaparse entre las nubes y la densa niebla de la tarde. “Shira Plateau” se convirtió en un verdadero cuadro impresionista en el que los colores opacos contrastados por la fuerza de los últimos rayos solares de la tarde formaban un bucólico cuadro en el que las cámaras fotográficas no cesaban de buscar el momento exacto que pudiera atrapar tanta belleza.
Resulta difícil pensar que tan solo 10 días atrás el frío aliento del Kilimanjaro besaba mis mejillas. Ahora surco a toda velocidad la campiña francesa y desde la ventana del tren solo el contraste me hace recordar los pasos recorridos en las áridas montañas de África. Recuerdo con absoluta claridad la sonrisa de los porteadores que con sus pesadas cargas hacían magia para atravesar las empinadas cuestas de “Lava Tower”, aparentando el más digno espectáculo del “Cirque de soleil”.



La ruta que habíamos escogido para ascender hasta la cima de África incluía desniveles que nos permitían, a pesar de lo rápido de la subida, una aclimatación apropiada para poder así enfrentar la última jornada que nos llevaría desde los 4.600m de “Barrafu Camp” hasta el punto más alto de la montaña a 5.985m en el “Uhuru-Peak” y luego descender de manera casi continua hasta los 3.100m de “Mweka-Camp”(léase Mueka). Un verdadero esfuerzo que tan solo se vería recompensado por haber logrado la cumbre y poder escapar de los incómodos efectos de la “Alta Montaña”. A mi parecer, esta es una de las etapas más impresionantes del recorrido hacia la cumbre del Kilimanjaro, tomando en cuenta la diversidad ambiental motivada a los cambios de altura a lo largo del trayecto y la escarpada topografía determinada por la cercanía de los Glaciares. El contacto con el sutil límite que determina la altura y que define a su vez un ambiente que se siente profundamente en el espíritu, resalta la belleza de cada rincón que aparece ante nuestros ojos… plantas como el Senecio y la Lobelia, que abundan entre las escarpadas paredes, traen fácilmente a la memoria un grato recuerdo de nuestros paramos andinos. Por otro lado, el simple hecho de ascender a “Lava Tower” (4.200m) y luego descender al campamento “Barranco” nos hace atravesar un mundo rocoso en el que la montaña toma vida y parece querer hablarnos de toda la fuerza volcánica que durante años gestó cada uno de estos parajes en los que los ríos de lava y los otrora gigantescos glaciares luchaban por convivir en lo alto del cielo africano.
A pesar de lo bien definido del grupo en función de la velocidad de marcha de cada uno de sus integrantes, cada cierto tiempo nos reuníamos todos para compartir comentarios, algo de comida e inclusive una que otra “pastilla” contra el malestar estomacal o analgésicos diversos. Por suerte la maestría de “Tito” como médico del grupo lograba mitigar, más que los medicamentos, cualquier dolencia que pudiésemos padecer.
Nuestra llegada a “Barafu”, al igual que todos los otros campamentos, se oficializo con la firma de cada uno de los integrantes del grupo en el libro de “Parques Nacionales” ubicados en cada uno de los impecables refugios construidos para tal efecto. Vale la pena mencionar la muy bien organizada “red” de servicios (vigilancia, permisología, rescate, y Guardaparques) extendidos en los principales puntos de acampada dentro de cada una de las “Rutas”. El cansancio motivado a la larga caminata del día y a los intensos efectos de la altura, nos obligaron a apresurar nuestra cena y reunión para finiquitar los detalles del ascenso que comenzaríamos antes de la media noche divididos en dos grupos que estarían determinados esencialmente por la velocidad de marcha. Pastillas de Diamox, Ibuprofeno, Antidiarreicos, protectores estomacales y “pare usted de contar”, rodaban entre nuestras manos, que congeladas por la baja temperatura, manipulaban con torpeza las pequeñas “piezas” de medicamentos que apenas ser ingeridas y como efecto casi colateral nos empujó casi sin desvestirnos hacia nuestras carpas para esperar así con inquietud la hora de la salida.
La voz de “Hot Water” a mitad de la noche era el anuncio inequívoco de que el esfuerzo final por llevar a la cumbre había comenzado. De manera casi mecánica hacíamos revista de cada elemento que habría de acompañarnos en las próximas 18 horas… gélidas horas. Medias, botas, guantes, chaquetas, cámaras fotográficas, agua, y una larga lista de equipos abarrotaban la oscuridad de la noche en la que las luces de los montañistas confundían su brillo con las innumerables estrellas del cielo, extraña sensación que nos sumergía en un “limbo” de sensaciones, convirtiéndonos en “entidades” que como lava ardiente iluminábamos la pendiente de esta montaña, estado que se prolongó por mas de 6 horas hasta que de pronto la agradecida luz del sol comenzó a ser la protagonista de las frías arenas que rodeaban las proximidades del cráter de la montaña en el conocido “Stella Point”… punto de referencia que solo indicaba que el camino restante era “pan comido” a pesar del gélido viento que congelaba cada centímetro a su paso.
Solo quedaron abrazos, felicitaciones y resignación al regreso… el camino aún no había terminado, horas de descenso por infinitos arenales nos separaban aún de nuestro objetivo final del día… “Mweka Camp”, especialmente si tomamos en cuenta que el clima ceso en su tregua para dar paso a una suave nevada que blanqueó toda la parte alta de la montaña. Un descanso y algo de comida fue suficiente para tomar la determinación de apresurar el paso y… a pesar del cansancio continuar nuestro rumbo hacia tierras más confortables.
Los 3.095 metros de “Mweka Camp”, fueron suficiente para convertir nuestra última noche en los aposentos del Kilimanjaro en una exquisita noche en la que exquisita comida, agradable conversación y una relajante sensación de éxito nos hizo descansar lo suficiente como para afrontar el trayecto final que nos haría dejar esta página de nuestra historia entre una de las montañas más imponentes del mundo. Un grupo ideal en el que ni sobró ni faltó detalle combinó el justo “sabor”, que le dio a este plato la excelencia de uno de los mejores “Cheff” del mundo… La Montaña.
Integrantes de la Expedición:
Eduardo Abad
Fernando Millan
Giampiero Finazzo
Hugo Fernandez
José Camacho
Julio Fernandez
María Isabel Pecori
Manuel Millan
Mariela Sifontes
Paul Mc Neal
Salvador “Tito” Perez
Victor Rondón
Viviane Chonchol
Alfredo Autiero (Guía de Montaña)
Y todo el “Staff” de Guías, cocineros, asistentes y porteadores que hicieron posible esta “Aventura”.

martes, 5 de julio de 2011

Preparación para el Montañismo



- ¿El montañismo es para todos... independientemente de la edad? ¿Por qué?

Cuando hablamos de “Montañismo”, nos referimos a una actividad donde se unen un sin número de modalidades que van desde “La Caminata”, pasando por carreras de montaña y escalada en “Grandes Paredes”, sin embargo un criterio común las une casi de manera inevitable y este es, el contacto con la naturaleza y la interrelación entre e “Yo interno” y el ambiente, resaltando la toma de iniciativas, el reto personal y el logro de las metas propuestas. Esto hace que el “Montañismo” trascienda el calificativo de “Actividad Deportiva” y se convierta en una ESCUELA, en “Una Forma de Vida” en la que muchas veces se “nace y se muere” (En el buen sentido de la palabra”… en su práctica.

- ¿Qué condiciones físicas debe tener alguien que desee hacer montañismo?

Las condiciones físicas del Montañista van a depender del volumen de sus exigencias personales, de sus metas y muchas veces de las motivaciones que el entorno logre inducir en el interesado. Siempre es importante poseer una condición física mínima, ya que las características del esfuerzo en el “Montañismo”, suelen subestimarse en calidad y cantidad, y a veces nos encontramos a personas con poco entrenamiento físico, afrontando largas y arduas caminatas con consecuencias “nefastas” física y emocionalmente.

- ¿Qué ejercicios debe hacer alguien que se entrena por primera vez para hacer montañismo?

En vista de que el “Montañismo”, desde el punto de vista físico, es una actividad esencialmente “AERÓBICA”, lo más importante es concentrar nuestro entrenamiento en actividades que desarrollen potencialmente esta condición. Estas son, en orden de importancia: La Carrera larga o “Trote”, el ciclismo y la natación. Las he colocado en este orden estricto por condiciones “intrínsecas” de nuestro país en los que la práctica de uno u otro entrenamiento se suele complicar por la existencia de un entorno poco favorable para su práctica.

- ¿Qué precauciones deben tomar los principiantes?

En cuanto a los que se inician en esta actividad… “El Montañismo”, hay detalles dignos de ser tomados en cuenta. Lo primero es asegurarse de poseer una condición física apropiada al esfuerzo al cual vamos a estar sometidos, por otro lado, a pesar de que esta es una actividad de introspección personal, uno de los aspectos fundamentales en su práctica es la seguridad, lo que obliga a encontrar un buen compañero o grupo para su práctica y dotarnos de un equipo y buen conocimiento técnico para su uso… evidentemente un elemento fundamental que nunca debe faltar es “La Motivación”, elemento que ha logrado las más grandes proezas en las personas más inesperadas, las que han abierto nuevos horizontes para las generaciones de “relevo”.

- ¿Cómo se mantiene en forma un montañista?

El montañista, por las mismas características de la actividad que practica, que lo motiva a plantearse metas cada vez más exigentes, debe ser una persona con mucha dedicación al cultivo de una vida sana física y emocionalmente, lo que lo obliga a plantearse buenos hábitos de entrenamiento cotidiano para mejorar su “performance” físico y su paz emocional… Hacer ejercicios aeróbicos dos o tres veces por semana, tal vez un poco de meditación, combinado con alguna lectura de textos técnicos, me parece un buen complemento para todo aquel que desee iniciarse en estas “lides”.

- ¿Qué beneficios para la salud brinda el montañismo?

Más allá de cualquier otra actividad deportiva, el “Montañismo” abarca mucho más que la parte de competencia y bienestar físico que “El Deporte” pudiera implicar, por lo cual podemos estar en presencia de una actividad “Integral” que implica beneficios, no solo para el que lo practica sino para la sociedad en general.

- ¿Existen algunos riesgos al practicar montañismo?

La practica del Montañismo, al igual que toda actividad humana implica “riesgos” que esencialmente se circunscriben a que este se practica en un entorno al cual el “Montañista” no está habituado… no es su ambiente cotidiano, lo que implica un aprendizaje que debe ser llevado de manera progresiva y paulatina. Excederse en los objetivos planteados puede traer implicaciones de riesgos con consecuencias físicas y emocionales que pueden ser fatales.

- Consejos para quien desee iniciarse en el montañismo.

Todo aquel que desee iniciar sus pasos por este fabuloso camino… el de las Montañas, debe estar dispuesto a entregar una cuota de sacrificio personal, que de seguro redundará en una gran satisfacción el logro de metas “Impensables”, en el mejoramiento personal y en una nueva manera de ver la vida a través de los entornos naturales… evidentemente también los “urbanos”.

- Otros datos importantes.

Hoy día el “Montañismo” es una actividad promocionada en casi todas las partes del mundo y sus beneficios personales están fuera de cualquier discusión. Esto permite que todo aquel “enamorado” de su práctica pueda dedicar su vida no solo a nivel “amateur”, sino profesionalizarse y emprender el camino hacia metas más concretas en cuanto a logros y alcances.

En nuestro país, ya existen Asociaciones de Guías Profesionales, con parámetros de servicios a la par de los países más desarrollados en el área, esto permite una mayor información y más seguridad en su práctica, así como un acercamiento más asertivo de todo aquel que se quiera acercar al mágico mundo de las pendientes, de los vientos fríos y de las altas cumbres… al mundo de las Montañas.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Enseñar, preservar o prohibir.



Existe una dicotomía en la frase: “Menos mal que nadie lo conoce” o “Lastima que nadie lo conoce”. La situación venezolana y su turismo de naturaleza puede ser un fiel ejemplo de este tipo de contradicción que lo único que refleja es la ausencia de reglas claras que puedan definir las pautas del juego en un país como el nuestro en el que el 46% del territorio nacional se encuentran dentro de lo que se conoce con el nombre de ABRAE (Áreas Bajo Régimen de Administración Especial). Dentro de estas áreas nos preocupa especialmente lo referente a los Parques Nacionales y Monumentos Naturales ya que las mayores potencialidades de aprovechamiento turístico en Venezuela se encuentran radicadas, sino dentro, muy próximas a lugares clasificados como “Áreas con fines recreativos, científicos y educativos”, terminología que pudiera abarcar muy bien todos los aspectos de la vida humana es decir que esto daría cabida a cualquier tipo de actividad dentro de lo que hemos dado por llamar “Turismo de Naturaleza”, “Autosustentable”, “Ecológico” o como lo queramos llamar.

Ahora bien, vallamos a un caso muy particular… nuestra imagen turística, la que se conoce en todo el mundo y hemos dado por vender como lugar único en el mundo, El Salto Ángel (Querepacupay Vená), ¿Qué se puede y que no se puede hacer?, aquí reside la gran incógnita que se debate entre zonificaciones que a capricho de Directores y Ministros determinan de manera casi intuitiva el que hacer diario de muchos de nuestros Parques Nacionales, a los cuales vemos deteriorarse a velocidades sorprendentes y no precisamente por sus usuarios, sino por falta de normas claras de uso que deberían aplicarse de manera clara e INEQUIVOCA por las autoridades, no de manera represiva sino educativa en la que se entienda de una vez por todas que el ambiente y sus recursos son la verdadera riqueza con la que contamos todos los venezolanos.