sábado, 2 de febrero de 2013

ACONCAGUA 2013… “Centinela de Piedra”



El viento frio era testigo absoluto de la altura que habíamos alcanzado, al salir de la loma un cóndor surcaba el aire a ras de la verticales rocas que demarcaban el cañón del río Horcones, que esa mañana del 8 de enero representaba el inicio de nuestra verdadero intento por escalar la montaña más alta de los Andes. Habían quedado atrás todos esos incómodos momentos de preparativos, esperas y tramites gubernamentales que son dignos del mejor malabarista del “Cirque du Soleil”, había llegado el momento de dejarse acariciar por el viento, abrazar por los pensamientos y contar con el innegable apoyo de un equipo que poco a poco iría sumando pasos hasta poder lograr la tan anhelada cumbre.


Un excelente grupo al cual tengo que agradecer el haberme permitido compartir sus sueños: Amalia Carrillo Mattar, Viaviane Chonchol, José Antonio Camacho Alvarado, Giampiero Finazzo, Edgar Cerezo y la acertada compañía de Emeli Mattar.
Ese día 8 la caminata, lenta pero constante nos tendría que llevar poco a poco hasta el primer punto de aclimatación… “Confluencia”, allí, parte de nuestro equipaje esperaba ser desplegado para brindarnos el “confort” que junto a otros elementos de “Fernando Grajales” (Agencia que estaría  a nuestro lado para facilitarnos ciertos aspectos logísticos con los que podríamos, de una manera más cómoda, ajustarnos a los requerimientos de esta enorme montaña). La altura de “Confluencia” en la que los ríos provenientes de los glaciares Horcones Superior e Inferior se dan la mano, es un lugar ideal para iniciar esta importante fase de aclimatación en el proceso previo a escalar este coloso de piedra. 3.368m es una altura que no debiera molestar a nadie en este lento proceso, sin embargo, la calidad de las aguas del lugar y su alto contenido de “magnesio”, nos jugaron una mala pasada con Amalia quien, a pesar de no sentirse muy mal, pasó prácticamente toda la noche con malestar estomacal y fuertes vómitos, que solo se detuvieron al cambiar la ingesta de agua con botellas comerciales que por suerte pudimos adquirir en el mismo campamento.
El día 9 lo utilizamos para ascender lentamente hacia “Plaza Francia”… lugar que da inicio a la majestuosa “Pared Sur” del Aconcagua, 3.000m de desnivel separando verticalmente la base, de la cumbre de este gigante, haciendo de ella una de las rutas más difíciles y cotizadas de todas las montañas del mundo. El clima era auspicioso y el paisaje magnificente, los estratos geológicos se superponían en estas paredes gigantes para mostrarnos su intimidad a través de los siglos, mediante fuerzas desgarradoras que fueron capaces de levantar la tierra hasta formar a este coloso llamado “Aconcagua”.  En nuestro acercamiento algunos grupos ya comenzaban a perfilarse como nuestros contemporáneos en el ascenso al “Centinela de Piedra”, entre ellos argentinos, rusos, franceses, canadienses, japoneses y así un sinnúmero de expediciones que provenientes de diversos lugares del mundo compartían un mismo sueño, acariciar la fría superficie de ese punto que se daba por llamar… Aconcagua.
Al día siguiente, el 10, desde temprano empacamos nuestro equipo, desmontamos las tres tiendas de campaña y entregamos todos los morrales y bultos a los “muleros”, que a la orden de “Grajales”, se encargarían de trasladarlo al verdadero “Campo Base” del Aconcagua… “Plaza de Mulas”. El agua de “Confluencia” había estropeado el estomago de Amalia por lo que tomamos la larga y tediosa caminata hacia nuestro siguiente objetivo con toda la paciencia del caso. Poco a poco fuimos cruzando las extensas llanuras empedradas de “Playa Ancha” y al final de la tarde, las fuertes pendientes de “Cuesta Brava” fueron nuestro último obstáculo
 

antes de llegar a “Plaza de Mulas”. Las lejanas carpas y fluorescentes “mangas” que delimitaban los helipuertos vecinos a la estación de guardaparques y a la medicatura nos daban la bienvenida a un surrealismo en el que un improvisado concierto de “rock” llamaba la atención con pintorescos personajes celebrando el final de una nueva jornada al ritmo de una desatinada mezcla de flautas, tambores y cualquier otra “cosa” que pudiera brindar un sonido parecido a la “música”. Amalia y yo atravesamos un mundo de carpas, la mayoría identificadas con nombres de empresas prestadoras de servicios, hasta ver a Edgar y José, que agitando los brazos nos indicaban el sector correspondiente a “Grajales”… nuestro “hogar” para los próximos días. El “Staff” del lugar se presentó y nos asignaron así nuestra carpa comedor en la que discurrirían muchas de las horas antes de comenzar el ascenso hacia la cumbre de esta montaña. Eran las 9:15 de la noche y un enrojecido cielo se llevaba consigo el último rallo de luz del día y poco a poco el frío de la noche iba haciendo prepararnos para el merecido descanso, naturalmente no sin antes tomar una suculenta cena preparada por el cocinero encargado del campamento… Emanuelle. El sonido del cierre de la carpa tardó menos que nuestros parpados al cerrarse y sumirnos en un profundo sueño, solo una lejana “música” rompía el profundo silencio del lugar, que al salir el sol se descubriría como un sitio muy diferente al que habíamos encontrado. Un día de descanso bien merecido, nos obligó a cumplir con el compromiso del “chequeo médico” exigido por la “Dirección del Parque Aconcagua”, en el que todos presentábamos condiciones de salud óptimas exceptuando ligeras trazas de deshidratación aumentadas por el uso del “Diamox” como elemento preventivo del “Mal de Altura”. Esta fue una excelente excusa para aumentar nuestra ingesta de bebidas y dedicar las horas libres del día a comer, comer y luego… seguir comiendo. Dedicamos varias horas de la tarde a la selección y arreglo del equipo que al día siguiente tendríamos que subir a nuestro primer campamento de altura ubicado en “Nido de Cóndor”, una meticulosa selección nos obligaba en diferentes ocasiones a desprendernos de cosas que varias semanas atrás habíamos considerado indispensables… José me decía: ¿“Alfredo 6 medias”?, a lo cual yo respondía de manera inclemente… “No, solo 4”. Y así pasaban las horas y de igual manera el calor del día, dando una vez más el paso a un frío que nos hacia utilizar todo el equipo que disponiamos para ser utilizado en alturas mayores. Sueños, pesadillas, ronquidos cruzaban el frío y oscuro ambiente de la noche en el que solo nuestro saco de dormir actuaba como una gran coraza protegiéndonos no tan solo de la inclemencia climatológica sino de nuestra agitada mente, pudiendo así finalmente caer en el sueño profundo que verdaderamente nos hacía falta.
A pesar de la suave caricia de luz que llegaba a través de la delgada tela de nylon de las carpas, salir del saco de dormir se convertía en un verdadero reto a la voluntad de cada uno de nosotros, solo la obligación de comenzar la jornada, nos empujaba al aire frío matutino y al unísono, dentro de nuestra carpa comedor, todos aguardábamos a las 9:15 de la mañana, hora en la que el sol nos abrazaba con su calor e intensa luz. Como hormigas, todos los habitantes de “Plaza de Mulas” comenzaban a salir de sus carpas y a prepararse para la jornada… la nuestra, sería dura, nos tocaba hacer nuestro primer “trabajo de porteo” a “Nido de Cóndor”, 1.100 metros de desnivel que nos colocarían a 5.500 metros de altura para ir así, lentamente acostumbrando nuestros cuerpos a las duras condiciones de la altura. “Pole Pole”, “Vistari Vistari”, “Piano Piano”, de cualquier manera que se diga y en cualquier parte del mundo, nunca había sido tan cierto este “dicho” en el que se refleja la prudencia y el ahorro de energías que debe prevalecer en las “Altas Montañas”. Las pendientes que llevan a “Nido de Cóndor”, están surcadas por largos “zig-zags” que poco a poco van remontando la inclinada cuesta, que con morrales rondando los 14 Kg. se hace más fuerte de lo que tradicionalmente esperábamos. Por suerte, se trataba de dejar el equipo y regresar casi inmediatamente al “confort”  y la buena comida de Plaza de Mulas, para tomar 1 día adicional de descanso y recuperación y así finalmente el 14, avanzada la mañana, despedirnos de “Plaza de Mulas” hasta que, con la cumbre o sin ella, diéramos por completada nuestra aventura.
El sonido del helicóptero era prácticamente nuestro despertador en “Plaza de Mulas”, el aire frío de la mañana era aprovechado por los pilotos para cumplir con el sinnúmero de tareas que tenían asignadas… retirar las excretas acumuladas en todas las letrinas del lugar, realizar los rescates que fuesen necesarios, entregar provisiones y equipos, así como hacer traslados de pasajeros hacia la zona de “Horcones”. Una vez abiertos los ojos y darle rienda suelta a las emociones que rondaban nuestras cabezas, el sueño daba paso inmediato a las ganas de entrar en acción, esta era la única manera de “exorcizar” nuestros miedos e inseguridades, especialmente esa mañana del día 14 en la que ya tendríamos que despojarnos de todas las comodidades del Campo Base y emprender la escalada definitiva hacia la cumbre de los Andes. Poco antes de medio día, con un emotivo saludo al “Staff” Grajales emprendimos el ya conocido camino hacia “Nido de Cóndor”… lento, un paso daba chance al siguiente, una pendiente a la otra, alternando todo con periódicos y desordenados descansos y ese testigo ineludible, el tiempo, que era testigo de nuestro ascenso. Fui quedando rezagado admirando el innegable trabajo de José hacía al marcar el paso de una manera disciplinada y ejemplar al resto del grupo. Todos lo seguían y demostraban cuan acertada era su técnica para administrar las energías en este lugar en el que la altura marcaba la prudencia en el uso de este escaso recurso. Al final de la tarde ya todos estábamos en la “cota” correspondiente a Nido de Cóndor. Nuestra llegada se vio adornada por una sutil pero persistente nevada que nos obligó a apresurar los arreglos para pasar la noche y prepararnos para el descanso del día siguiente en el que permaneceríamos toda la jornada a esta altura para ver como respondía nuestro cuerpo a la altura y, en caso afirmativo, continuar con nuestro ascenso hacia el campamento “Cólera” (5.870m) el día 16.
Era 15 de enero, sabíamos que se acercaba la hora final, después de intentar encender una cocinita marca “Doite” y haber fracasado en el intento, nos tuvimos que conformar con pasar casi todo el día intentando hacer unos 14 litros de agua para distribuirlos en las botellas personales y preparar algo de comida… una tarea titánica que comenzó a crear inquietud en el grupo, que afortunadamente respondía muy eficientemente ante las inclemencias de la altura y el frío exagerado. Esa noche estuvo marcada por un fuerte viento que zarandeaba la carpa de un lado a otro haciéndonos esperar lo peor del momento. Entre un sobresalto y otro, la noche fue dando paso al brillo gratificante del sol que trajo consigo una merma en la fuerza que había traído el viento durante la noche. Escogimos solo lo necesario y enfilamos hacia el campamento “Colera”, que a pesar de ser solo 370m más alto, se hacía notar el efecto imborrable de la altura, cuyo único aliciente era que por cada metro ganado, era un metro más de proximidad a la cumbre. Al pasar el refugio “Berlín”, solo una pronunciada pendiente nos separaba del lugar donde pasaríamos las dos últimas noches bajo la incomodidad del frío, la sed y la altura. La noche del 16 el termómetro marcaba -15°C, lo que aumentaba la lucha interna por comenzar nuestra caminata a la hora prevista… 4:30am. Era como un sueño vivido, en el que como sonámbulos íbamos colocándonos uno a uno los implementos que utilizaríamos durante el ascenso del día hacia la cumbre. Lentamente entre susurros y el sonido del viento, nuestros pasos comenzaron a enfilar hacia la cuesta al mismo tiempo en el que tímidamente el sol iniciaba a inundar con sus caricias la superficie de las altas montañas que nos rodeaba… “Tupungato”, “Tolosa”, “Catedral” y muchos otros que daban al lugar la magia necesaria que nos permitía avanzar en nuestro “calvario” de esfuerzo y frío. Paso a paso, como ya se había hecho costumbre, José marcaba los pasos con la paciencia que le acostumbraba y poco a poco los metros para llegar al objetivo se iban acortando. Un ligero error me hacia tener que caminar sin “crampones” aumentando así la dificultad en las pendientes de mayor inclinación separándome así lentamente del grupo y, subyugado por el caluroso abrazo del sol, a la altura de “Piedra Blanca”, una gran roca me sirvió de “trono” para detener de manera definitiva mi marcha… era mi momento de regreso. Con la esperanza y el fuerte deseo por el éxito del resto del grupo, lentamente emprendí el descenso en busca de algún confort dentro de ese mundo de helados vientos y sensaciones extremas.
Una vez en el interior de la carpa, mis ojos se cerraron con el sueño del cansancio y el olvido hasta que, de pronto, una voz me sacó del letargo… era José que mencionaba mi nombre, el tiempo había sido muy corto para él haber llegado a la cima. Sin muchas preguntas pude percatarme de sus pies helados, las medias frías y húmedas denotaban que algo había pasado con sus botas y lo habían obligado a retroceder ante la posibilidad de males mayores… También él se tendió entre los sacos de dormir y a pesar del dolor de sus pies, fue siendo seducido por el intenso cansancio y sopor de la altura. Tan pronto la temperatura y el ánimo me lo permitieron, salí de la carpa para preparar agua, sabía que íbamos a necesitar mucha agua y también algo de comida. Agazapado en la entrada de la carpa poco a poco fui derritiendo nieve y acompañado de algunos saborizantes, el agua insípida y desmineralizada de los neveros se fue convirtiendo en ese acostumbrado sabor a comida y bebida que reconfortaría nuestros cuerpos.
Acercándose las 10:30 de la mañana, la figura de “Giampi” apareció en la lejana pendiente y no tardó mucho en alcanzar nuestro campamento… él también había desistido de su intento por llegar a la cumbre, debido al fuerte viento que soplaba en las proximidades de la “Canaleta”. A partir de ese momento, nuestras miradas no se separaron de las pendientes que conducían a la cumbre. Amalia, Viviane y Edgar eran los tres restantes del grupo en los que nuestras esperanzas estaban colocadas. Las diferentes cordadas que habían salido en la madrugada fueron apareciendo una a una y tratábamos de indagar entre ellas sobre el destino de nuestros tres compañeros, los colores de sus chaquetas, la forma de caminar, sus estaturas, se transformaron en un juego de azar entre nosotros. Finalmente cerca de las 6 de la tarde sus tres figuras llenas de entusiasmo aparecieron ante nuestros ojos y en poco tiempo, entre abrazos y llantos nos confirmaban lo que tanto habíamos estado esperando… 

Jueves 17 de enero a las 14:42, Amalia Carrillo M., Viviane Chonchol y Edgar Cerezo lograron alcanzar la cima del “Centinela de Piedra”, ahora solo quedaba comer, beber, descansar y huir a tierras más cómodas. Aún nos faltaban 5 días para llegar a Mendoza, sin embargo, ya rondaba en nuestras mentes el sabor a comida fresca y buen vino. El baño de agua caliente, las cobijas limpias y cortos paseos por las calles de la ciudad eran ahora el aliento para dar el siguiente paso, más adelante ya pensaríamos en nuestro nuevo objetivo… que seguramente compartiré con todos ustedes.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Roraima... "la montaña de cristal"




Cuando nos referimos a un distante punto que es el hito divisorio por naturaleza entre tres países, sin duda nos estaremos refiriendo al Roraima. Sin embargo, pecaríamos de simplistas si nos referimos a esta mágica montaña sin comentar lo especial que es ella. Se ha dado por llamar "Mundo Perdido", gracias a los relatos del escritor ingles Sir Arthur Conan Doyle, a una vasta zona, que en su mayoría se encuentra ubicada en los estados Bolívar y Amazona del territorio venezolano. Se trata de un altiplano o mejor dicho, Tierras Altas de Guayana o Pantepuy, cuyo origen se remonta a las épocas más antiguas de Venezuela y América del Sur, en las que se fueron depositando grandes cantidades de arena rocosa y algo de rocas volcánicas.
Esta zona, que se formó aproximadamente en el Precámbrico (1.600 a 2.000 millones de años). Hoy día la conocemos como la Formación Roraima, cuya progresiva erosión ha dado lugar a unas peculiares montañas, llamadas por los nativos pemones "tepuyes", cuya característica fundamental es la presencia de abruptas y grandes paredes rocosas que las separan de las zonas que las rodean, dando condiciones para la vida animal y vegetal, sin duda especiales, a especies cuyas características se deben a las adaptaciones al ecosistema extremo de estas altiplanicies. Entre estas raras adaptaciones podemos nombrar de manera muy especial el fenómeno de "carnivorismo" de algunas plantas, mediante el cual han logrado complementar la escasez de sales minerales a través de un sofisticado sistema de captura de insectos.
El caso del Roraima, al que nos referimos en esta oportunidad, se trata del tepuy más visitado, por su fácil acceso e infraestructura apropiada en lo que respecta a senderos, porteadores, lugares para acampar, etc. Aparte de esto, y a raíz de una prohibición de visita a todos los tepuyes, emanada desde la Dirección General Sectorial de Planificación y Ordenamiento del Ambiente, del Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (por decreto N° 1233, de fecha 2 de noviembre de 1990), los nativos del lugar ejercieron presión directa y lograron con el gobierno un "hagámonos la vista gorda" con el Roraima.
Este es el tepuy más alto y con sus 2810 metros es el punto más alto de Brasil y Guyana y debe su nombre a la palabra Taurepan (pemon), "Dodoima", que significa "Gran verde-azulado", en cuya cima la diosa Kuin reina sobre los seres civilizados. Su cercanía al tepuy Kukenan y su considerable altura lo hacen, especialmente en el sector occidental, un lugar en el que las lluvias son casi constantes. Sin embargo, podemos definir una temporada de menor pluviosidad entre los meses de diciembre y marzo, que son los de mayor afluencia de visitantes, entre los que destacan alemanes, ingleses, e italianos.

¿Cómo llegar?
Ahora bien, muchos se preguntarán, ¿cómo ir al Roraima? Bien, no se trata de algo tan sencillo como ir a Nueva York o Miami. En efecto, si tomamos en cuenta los costos y la distancia desde el centro de Venezuela, esta premisa no es tan absurda. Sin embargo, hay lugares que bien valen el esfuerzo y Roraima es uno de ellos. Comencemos a analizar algunos aspectos del viaje. En primer lugar: el transporte.
Partiendo de la premisa de que la referencia es la ciudad de Caracas, hay dos alternativas: tierra o aire. En el primer caso, podemos comenzar a analizar el caso de que viajemos con nuestro propio carro. La vía principal y más lógica es la "carretera" de Occidente, pasando por el Guapo, El Tigre, Puerto Ordaz, es preferible esta vía a la de Ciudad Bolívar ya que el cruce del río Orinoco con la chalana puede causarnos retardo. Después hay que tomar hacia Guasipati, El Callao, Tumeremo, El Dorado, Km 88, Luepa, Kamoiran, San Francisco de Yuruani y finalmente, con vehículo tracción en las cuatro ruedas llegaremos a Paraitepuy del Roraima. Con esto habremos completado un recorrido total que, de acuerdo a la capacidad de consumo del vehículo, representa "varios" tanques de gasolina. En este sentido vale la pena ser cuidadoso a partir de la población de El Dorado, ya que las estaciones de gasolina escasean y generalmente suelen estar cerradas de noche. En este sentido, si planeamos hacer el viaje en un solo día (16 horas aprox.), entraremos a la Gran Sabana a principio de la noche. En todo caso, Km 88, Luepa y Kamoiran, tienen gasolina.
Tomando esta opción, del viaje por tierra, existe también la alternativa de transporte público, bien con autobús (que los hay de muy buena calidad) o bien con "carro por puesto" o "libre", en cualquier caso es preferible utilizar Ciudad Bolívar como punto de trasbordo intermedio, ya que desde allí salen, a finales de la tarde autobuses con dirección a Santa Elena de Uairen. No nos olvidemos que en algunos casos estos autobuses suelen ser algo parecidos a una "nevera" (no olviden tomar las previsiones y llevar un abrigo siempre a la mano). Otra cosa digna de ser tomada en cuenta es que, si nos vamos a detener en San Francisco de Yuruani, sin llegar hasta Santa Elena, hay que avisarle al chofer para que él deje el equipaje en el lugar más apropiado. También, por razones obvias en nuestro país, es importante tener los documentos de identidad (cédula o pasaporte) a la mano.
En el caso de tomar la alternativa de transporte público, al llegar a San Francisco, si no llegan en la madrugada o tarde en la noche, hay que proceder a la contratación de otro vehículo 4x4 que nos lleve hasta Paraitepuy del Roraima. En su gran mayoría, los habitantes de San Francisco son evangélicos y suelen no trabajar los días sábados. Hay que evitar en lo posible tener que hacer cualquier diligencia en este pueblo ese día. Por cierto, se me olvidaba comentarles que entre los habitantes de Parai Tepuy y San Francisco hay ciertas "rivalidades", debido fundamentalmente a la contratación de porteadores, por lo que les recomiendo, sinceramente, contratar a estos porteadores en Paray Tepuy, lugar desde el cual debemos comenzar nuestra caminata de manera casi obligada, a menos que vayamos en bicicleta, en cuyo caso el paso está permitido hasta el río Kuquenan.


Otra de las opciones, especialmente cuando el tiempo es apremiante, es viajar vía aérea. Si este fuera el caso, existen dos alternativas principales: la primera, los vuelos comerciales, y la otra, los vuelos "Charters". Hay varias líneas aéreas que cumplen sus vuelos regulares hasta Ciudad Bolívar y/o Puerto Ordaz. Estos objetivos son obligatorios, ya que no existen vuelos que saliendo desde Caracas o Maiquetía lleguen hasta Santa Elena u otro lugar cercano. Es importante tener bien en cuenta la hora de salida del vuelo entre Ciudad Bolívar o Puerto Ordaz y Santa Elena. Rutaca tiene un vuelo diario que hace esta ruta y Transmandú.

¡A buscar porteador!
En cuanto a la contratación, o mejor dicho, negociación con los porteadores, es necesario tener en cuenta algunas premisas. La primera es que ningún grupo puede visitar el Roraima sin un guía o porteador que lo acompañe. La segunda, cada porteador o guía cobra Bs 1.000 diarios y no carga más de 15 Kg. Piénselo bien y saque la cuenta antes de hacer el equipaje. ¡Ah! Y no se olvide de llevar efectivo. El tiempo mínimo, a efectos de pago, para llegar a la cima del Roraima es de tres días. Esto significa que si usted desea llegar en dos, indistintamente tendrá que pagar tres. En cuanto a porteadores, puedo recomendarles ponerse en contacto, al llegar a Parai Tepui, con Basilio, Epifanio, Braulio o el Sr. Casto Ayuso, todos ellos nativos del lugar.
A medida que nos acercamos al Roraima, éste nos va mostrando de una forma cada vez más evidente el camino a tomar. Se trata de una extensa cornisa que asciende transversalmente desde el bosque que se despliega a los pies del tepuy. Desde que entramos a este bosque, un mundo mágico comienza a envolvernos y todo toma una dimensión diferente: paredes de 300 y más metros que se levantan verticales queriendo tocar el cielo, desde donde caen inmensas cascadas que de vez en cuando nos rocían con sutil caricia. Esta constante humedad le da a la vegetación un aspecto único y características muy especiales que contrastan notablemente con la aridez de la sabana circundante.


Cuando la fuerte pendiente cambia abruptamente su inclinación, un caos de formaciones rocosas nos da la bienvenida a la cumbre. Extrañas y sugestivas formas y siluetas de rocas sobresalen aisladamente por doquier. La noche siempre le da un aspecto más inquietante, aunque no menos hermoso a este lugar.
El límite es la imaginación
Lluvia y Roraima, ¿cuál es la diferencia? El Roraima es un tepuy cuya altura de 2.610 metros establece notables cambios de temperatura. Durante el día la fuerte radiación solar, recogida por la oscura capa rocosa de su cumbre y en la noche el frío y el fuerte viento, producen estados de condensación elevados. Todo esto, aunado a la gran cantidad de selva que circunda toda la región. Estas combinaciones hacen que en esta extensa zona la lluvia sea un elemento común. Sin embargo, la inigualable belleza de este lugar nos hace olvidar cualquier contratiempo.
La exploración de la cima del Roraima requiere, para poder apreciarlo realmente, por lo menos tres días de permanencia. Es importante tener siempre en cuenta que es muy fácil extraviarse, por lo que siempre recomiendo salir acompañados de un guía, con algo de abrigo, comida y luz, además de tener una bitácora del recorrido a realizar. Hay que evitar los valles y cañones muy profundos, ya que salir de ellos generalmente se hace complicado, debido a las paredes verticales que los delimitan.


Entre los puntos de mayor interés a visitar podemos citar: "El hotel", situado en las proximidades de la entrada común a la cima del tepuy. Hoy en día existen varios de estos "hoteles", grandes formaciones de roca que permiten albergar una o varias carpas con excelentes condiciones de cobijo y resguardo, con un único y grave problema: la basura. Entre estos "hoteles" cabe destacar: Maverick, San Francisco, Yakusi. Otro lugar de mucho interés es el Valle de los Cristales, ubicado en el extremo sureste de la montaña, que nos muestra uno de los aspectos más llamativos de estas formaciones como lo es la presencia de afloramientos de grandes cristales de cuarzo, que lentamente han sido devastados por los miles de visitantes y nativos que recorren el tepuy durante todo el año. No podemos dejar de mencionar el "Punto Triple", llamado así por ser confluencia fronteriza entre Venezuela, Brasil y Guyana, caracterizado por un gran hito de concreto blanco fácilmente reconocible. Muy cerca de este lugar, está el "Valle del Norte", una de las zonas con más vegetación en la cima del Roraima y, un poco más al suroeste, se encuentra ubicada "La Fosa", lugar mágico en el que las aguas cristalinas del tepuy se han ido concentrando hasta formar esta gigantesca cavidad que bien vale la pena visitar.
En fin, el Roraima nos brinda un sinnúmero de posibilidades extraordinarias, cuyo límite es nuestra imaginación. Pero lo más importante al visitarlo es no olvidar la fragilidad ecológica de este lugar y tratar de evitar todo aquello que pueda representar un daño a su ambiente. ¡Ojo con la basura!.

domingo, 11 de noviembre de 2012

AVENTURA Y RIESGO




El concepto de "Riesgo" en mi entorno se manejó bajo la premisa de la "experiencia" y la "responsabilidad"



Me encontraba arrastrándome por aquel oscuro túnel por el cual escasamente cabía mi cuerpo, al final aquella luz me decía con certidumbre que faltaba poco para terminar aquella agonía, de pronto, unas manos frías tomaron mis pies y me ayudaron a salir de aquel aprieto. El ahogo había terminado, un profundo aliento llenó mis pulmones y estallé en llanto... había llegado a este inhóspito mundo en el cual las guerras, enfermedades, accidentes naturales y demás inevitables contratiempos me enseñaban que cada paso debía de estar lleno de cautela y además de un fuerte deseo de ser feliz, para así poder sacarle provecho a esa maravilla que todos hemos dado por llamar vida. 

El concepto de “Riesgo” en mi entorno, se manejó bajo la premisa de la “experiencia” y la “responsabilidad”, fui creciendo en un ambiente donde las actividades que hacía, principalmente mi padre (Apnea y Automovilismo), se veían más a través del disfrute que él obtenía que en función del peligro que estas representaban para su integridad personal, que por cierto, se sustentaba definitivamente en su felicidad.

Y así me llego el momento de tomar mis decisiones… de “arriesgarme”. Recuerdo yo mis primeras caídas, una muy significativa, en los albores de mis caminatas hacia “grandes montañas” cuando tan solo tenía 14 años y me aventuré con un grupo de “pequeños” amigos a intentar ascender hasta la máxima cumbre de nuestro país… el Pico Bolívar, nadie podía creer tamaña osadía, que por poco termina en tragedia después de un resbalón por las fuertes pendientes nevadas de la “Roca Táchira”. Por suerte una oportuna cuerda detuvo la caída y de aquello quedó lo más importante… la alegría del recuerdo y la experiencia de tener que prepararnos mejor para futuros logros, que seguramente serían  mayores y más exigentes… como realmente así lo fueron. 


Hoy día debido al gran poder que han tenido los medios y con ello la creciente necesidad de retomar ese contacto perdido con la naturaleza, nos hemos volcado con mayor fuerza hacia un sin número de actividades al “aire libre”, con todas las implicaciones que ello conlleva, entre otras el riesgo implícito de que estas se desarrollan en un entorno fundamentalmente ajeno y diferente a
l que cotidianamente conocemos y “controlamos”. Definitivamente este riesgo queda matizado por la alegría del logro que muchas veces ronda el límite de lo humanamente posible. De esta manera logramos explorar nuestras emociones y nos fortalecemos para así insertarnos nuevamente en la cotidianidad de un mundo que nos demanda más fortaleza… especialmente emocional.



Ahora bien, aparece entonces la palabra “Responsabilidad” y comienzan las implicaciones de lo que se debe y lo que no se debe hacer, de cómo, cuándo y dónde y esto a su vez trae normativas y leyes que, tal vez nos aparten de la esencia de ese momento tan especial llamado “libertad” y convertimos el riesgo en un “negocio” que al no ser sustentado llega hasta los límites de lo que pudiera ser llamado un “acto delictivo”. 

Ejemplos tangibles de esto los tenemos en los 7 continentes y pudiéramos citar cientos de casos, pero solo citaré 3 ejemplos puntuales, que por sus implicaciones mediáticas son de fácil identificación.

El 10 de mayo de 1996 unas 40 personas se encontraban intentando llegar a la cumbre del Everest y la entrada de un “frente” de mal clima dejó atrapadas en las zonas altas de la montaña a un buen grupo de ellas de las cuales se toparon con la muerte 19 de ellas (http://desnivel.com/expediciones/10-de-mayo-de-1996-la-gran-tragedia-del-everest), esto trajo consigo diversas discusiones y razonamientos éticos sobre el cómo afrontar las “expediciones comerciales” a montañas de más de 8.000 metros de altura (Hoy día los razonamientos éticos al respecto han quedado atrás y el elemento comercial es el que priva en estos casos).

En julio de 1999, específicamente el día 27, en la población Suiza de Interlaken, a raíz de una fuerte crecida del río Saxet-Bach, donde alrededor de 20 y 30 personas practicaban “Canyoning” y 18 de ellas perdieran la vida (http://www.elmundo.es/elmundo/1999/julio/27/sociedad/rafting.html) y a raíz de ello la Caja Nacional de Seguros en caso de Accidente (CNSA) presentó el caso ante el Tribunal Federal de Seguros suizo y este dictaminó: “El canyoning es un deporte peligroso pero no temerario”. Lo que se quiere decir con esto es que no hay “intencionalidad” en el hecho de exponerse a los accidentes. 


Por último quiero citar el accidente ocurrido este año en la zona del Mont Blanc, cerca de Chamonix, Francia, justo 2 semanas antes de nuestra llegada, en el que 9 personas perdieron la vida al verse involucradas en un accidente masivo mientras esperaban su turno para ascender las fuertes pendientes nevadas del “Mont Maudit” con rumbo hacia la montaña más alta de Francia y un fuerte alud “barrió” por lo menos a 28 personas con sus Guías.

Naturalmente ha habido una preocupación por estos eventos "fortuitos" que de una u otra manera son parte de lo que pudiera ser considerada parte inherente a la participación de del ser humano en la búsqueda de emociones que los acerquen más a esa búsqueda de sus limites y posibilidades. en este sentido la Unión Internacional de Asociaciones de Alpinismo "UIAA" ha establecido un "Código de Ética" en el cual se recomiendan ciertas actitudes para básicamente respetar la "integridad" de los practicantes de actividades de Montaña. (Ver: http://alfredoautiero.blogspot.com/2009/12/codigo-de-etica-en-la-montana.html) 
Los peligros inherentes a las actividades humanas seguirán existiendo y definitivamente seguiremos buscando nuestros límites… emocionales y físicos, de eso se trata, es nuestro crecimiento como personas y sociedad que nos exige hacerlo, es la supervivencia misma del hombre que casi tocando principios “Darwinistas” nos impulsan a indagar nuestros propios límites. ¿Qué queda por hacer?... Seguir explorando dentro de nuestras voluntades, preparándonos para lo inesperado y pidiendo el apoyo de personas que se han familiarizado con esta búsqueda. El resultado será el que la misma historia nos ha mostrado durante tantos años… los “deportes” con mayor riesgo seguirán practicándose y aumentando el número de personas involucradas el ellos que con o sin leyes (Esto último lo hace más llamativo) seguirán desafiando las leyes de la “lógica” y el razonamiento humano.

Lectura  recomendada (Riesgo y Motivación): http://alfredoautiero.blogspot.com/2011/12/riesgo-y-motivacion.html

La vida no se mide por el número de veces que tomamos aliento, sino por los extraordinarios momentos que nos lo quitan.

George Carlin.


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"El nivel de riesgo de la actividad de turismo aventura puede promover la venta del producto turístico o bien retraerla"

Pablo Borjas von Bach
Actualmente el mundo se presenta de una manera globalizada, se está en una constante búsqueda de cambios y nuevas experiencias en los negocios, así como en las vidas personales. Debido a esta constante búsqueda de la singularidad y el desarrollo personal del individuo, han surgido nuevas tendencias en el turismo y así poder ofrecer nuevos programas para el mercado turístico mundial.
Dentro de estas nuevas tendencias tenemos el llamado turismo alternativo de aventura, el cual sin lugar a dudas ha sido uno de los segmentos del mercado turístico que ha logrado mayor expansión y popularidad en todo el mundo. Esta nueva directriz del turismo de aventura, que en un concepto amplio, puede ser entendido como una industria de visitas guiadas a lugares remotos naturales, inusuales y exóticos, y que usualmente está asociada a actividades extremas con altos niveles de actuación y participación por parte de los turistas, donde se requiere equipo especializado y personal calificado para su operación. (Cloutier, 1998; Villalobos-Céspedes, 2010).
El turismo de aventura se relaciona directamente con los llamados deportes activos o de riesgo (extremos), donde los participantes tienen como objetivo pasar momentos de adrenalina a cambio de un poco de sensación de riesgo o aparente peligro; por tal razón el turismo de aventura sin cierta dosis de riesgo no puede ofrecer experiencias de incertidumbre (aventura), es algo que forma parte de la misma naturaleza o esencia del mismo. Por ese sentimiento de reto, desafío, de búsqueda de la dificultad, conlleva a la aventura, claro está que esto no debe conducir a los participantes en ningún caso a situaciones que se podrían clasificar de potencialmente lesivas o incluso suicidas a priori (Ayora, 2008).
Sin duda el turismo de aventura funciona muy bien como un mercado exitoso, ya que a la hora de planificar el tiempo libre, no sólo se organizan viajes a determinados destinos buscando el tradicional modelo de sol y playa, sino que además se busca un destino turístico que presente la posibilidad de ofrecer actividades activas o de riesgo complementarias. Se intenta imponer el modelo de “ocio activo” en las vacaciones, razón por la cual las actividades deportivas de riesgo como producto turístico son un factor clave para el destino que atrae cada vez más a los turistas (Aspas, 2000; Miracle, 1994).
Pero también muchos destinos de aventura y nuevos productos turísticos se han desarrollado recientemente para atender las necesidades más exigentes de los consumidores de aventura, el turismo de aventura se ha convertido en parte de un estilo de vida nuevo y emocionante. Los turistas pueden encontrar y satisfacer su búsqueda por mejorar su condición física, reducir la tensión y por lo tanto mejorar su estado emocional y físico, así como vivir la experiencia de “logro” al superar un reto impuesto por la naturaleza, en donde la experiencia es sólo entre la naturaleza y el turista.
De acuerdo con Williams (2009) los consumidores de aventura tienden a ser jóvenes, bien educados, con buenas posiciones económicas, estos invierten cantidades importantes de dinero en la búsqueda de emociones activas. Por lo tanto este tipo de turismo también puede ser descrito como una especie de "turismo de ego". Como los riesgos en nuestra vida cotidiana han disminuido con el avanzar del mundo moderno de hoy, "la prevalencia de la aparente toma de riesgos en actividades de ocio parece ir en aumento" (Cater, 2006).
 "VENETUR", la agencia oficial del Edo. Venezolano ofrece como principal
alternativa turística de Canaima la "AVENTURA" y la "Pura Adrenalina"
El turismo en particular, es una industria comercial, por lo tanto, la mayoría de los programas de turismo de aventura tienen una firma comercial reconocible y si nos fijamos en ellos con mucho cuidado, todo el riesgo y la singularidad parecen desvanecerse. Con el fin de hacer que el cliente crea que la actividad que se ofrece es la aventura después de todo, por tal motivo, los operadores de servicios turísticos de aventura deben asegurar que el riesgo real al cual están expuesto los clientes sea lo más pequeño posible y vender este riesgo leve como un riesgo preferiblemente mayor. El turistas de aventura supera las fronteras de lo normal y cotidiano, en busca de emociones, de modo que los lugares y las experiencias que dan como resultado se puede definir como una exploración placentera de lo desconocido (Cater, 2006). Además los operadores de servicios turísticos de aventura con más éxito son los que han reducido sus niveles de riesgo real. La mayoría de las personas no participan en viajes de aventura, precisamente por el riesgo, pero muchos solo buscan la "percepción" de la misma (Fletcher, 2010).
Como se puede apreciar, las actividades de aventura buscan generar una experiencia para recordar, por lo que las ventajas de estas experiencias positivas que se viven serán de suma importancia. Pero para que este aprendizaje de experiencia, esa sensación de aventura, de crecimiento personal, pueda llenar a los participantes y sea más satisfactoria, se debe de poder ofrecer programas que actúen dentro de la zona que se denomina zona de desafío o reto, la cual obviamente estará fuera de la zona de confort o seguridad (Ayora, 2008). El problema con los programas de aventura es que esa zona de reto, sea a la vez una zona de seguridad emocional y aceptación del riesgo para el participante, solo de esta manera se podrá conseguir los verdaderos estímulos positivos que busca la aventura.
En conclusión podríamos decir que el turismo de aventura se ha globalizado, como una respuesta a la cada vez mayor promoción por parte de los grandes medios de comunicación dominantes, que lo ha hecho tan popular. El mercado turístico de aventura, es muy probable que siga creciendo y desarrollándose en todo el mundo. Razón por la cual las personas seguirán buscando el riesgo y así poder seguir cruzando las fronteras con el fin de adquirir esa “experiencia única y diferente”. Y siempre que el riesgo real siga disminuyendo, y que los turista no miren el riego real sino la percepción del mismo, todos seguirán siendo grandes aventureros que continuaran en la búsqueda del riesgo en el futuro.
 
 
Bibliografía:

1. - ASPAS, J.M. 2000. “Los deportes de aventura. Consideraciones jurídicas sobre el turismo activo”. España.

2.- AYORA, Alberto. 2008. “Gestión del riesgo en montaña y en actividades al aire libre”. Ediciones Desnivel, España.

3. - CATER, Carl. 2006. “Playing with risk? Participant perceptions of risk and management implications in adventure tourism”. Tourism Management, Vol. 27: 317-325.

4. - CLOUTIER, Ross. 1998. “The business of adventure, developing a business in adventure Tourism”. Bhudak Consultants, Canada.

5. - FLETCHER, Robert (2010) “The Emperor’s New Adventure: Public Secrets and the Paradox of Adventure Tourism”. Journal of Travel Contemporary Ethnography, Vol. 39 (1): 6-33.

6. - MIRACLE, L. 1994. “Nuevos deportes de aventura y riesgo”. Madrid. Editorial Planeta.

7. – VILLALOBOS – CESPEDES, D. & Galdeano- Goméz, E. & A. Tolón- Becerra. 2010. “Demand indicators for adventure tourism packages in Costa Rica: An exploratory analysis”. Tourism & Hospitality Research, Vol. 10 (3): 234-245.

8. - Williams, P. & G. Soutar. 2009 “Value, satisfaction and behavioral intentions in an adventure tourism context”. Annuals of Tourism Research, Vol. 36 (3).


Recomiendo ver este vídeo

http://www.epictv.com/media/podcast/one-mistake-on-this-route-will-kill-you-%7C-dont-expect-anything-normal-with-tom-randall-ep-3/275596?header_b=1&b=1

miércoles, 10 de octubre de 2012

Alpes 2012... "Reino de montañas"


El teléfono sonó poco antes de llegar a Zermatt, como por arte de magia, la voz de Víctor que ya se encontraba con el “flaco Manolo” en el Hotel esperando nuestra llegada… eran los dos que faltaban, el grupo ya estaba completo.
Nuestro descanso en Zermatt definitivamente estaba marcado por varios “detalles”: El “Matterhorn” (una de las montañas más bellas del mundo), el olor a “Raclette” (caracterizado por un penetrante olor a queso Gruyere quemado) y el “aroma” inconfundible de un innegable despilfarro de dinero alrededor de las cientos de tiendas distribuidas a lo largo de la calle principal. Entre compras, diligencias y buena comida transcurrió el tiempo hasta llegar la hora, en la que, después de un buen desayuno, partiéramos el día 26 de julio con el “tren de cremallera” hacia la estación de “Sunega Paradaisse” donde comenzaría nuestra caminata hacia Francia, con el marco inconfundible del “Matterhorn” y el Monte Rosa. Una larga caminata nos llevó, atravesando bosques de abetos, al caserío de “Otaffe”, en donde nos pudimos deleitar almorzando con exquisitos productos de la región… panes surtidos, jamón serrano, queso Gruyere, mostaza y naturalmente un buen vino.
Poco a poco los pasos fueron dejando atrás las memorias de Zermatt y las praderas alpinas y el cansancio comenzó a llenar la sangre y los músculos, especialmente después de haber tenido que cambiar la ruta que a través del puente colgante de “Kinghutte”, que se encontraba interrumpido, nos conectaba directamente con “Europahutte”. Un largo jiro que nos llevó aproximadamente 3 horas nos permitió alcanzar nuestra meta del día casi a las 8:00pm. Afortunadamente la claridad del verano nos permitió disfrutar de un par de horas de un paisaje sin igual.
A la mañana siguiente, durante nuestro descenso a “Gramchen”, el sendero cambió de aspecto y los bosques le dieron paso a un sendero empedrado que nos sorprendió con un cambio de clima determinante poco antes de llegar a la carretera, empapados, cansados y sedientos, nos deslizamos a través de un típico local en el que las cervezas y gaseosas rodaban por nuestras manos como si llegáramos de una batalla sin tregua, por suerte nuestro vehículo de transporte nos dio suficiente tiempo para finalizar hasta la última gota de nuestras jarras. El vehículo se detuvo en la estación de “San Niklaus” y rápidamente nos dispusimos a tomar nuestro siguiente tren hacia la población de “Fully”, a la cual llegamos, gracias a las malas intenciones del chofer del vehículo que nos transportaba, casi a la 1:30 de la madrugada y bajo una fuerte lluvia. Las habitaciones abrieron sus puertas como un potente “imán” postergando así cualquier decisión con respecto al clima y nuestra siguiente etapa hacia “Chamonix”. Al despertar las condiciones habían empeorado y un pronóstico adverso estaba previsto para los siguientes dos días, decidimos tomar el hermoso trayecto de tren que separaba “Martigny” de “Chamonix”, pudiendo así mantener nuestro cronograma y descansar de los dos fuertes días anteriores.
Las familiares vistas de la “Mer de Glace” y las Aguilles Rouges” casi nos obligaban a asomarnos por las ventanas del tren, Chamonix apareció a los pocos metros y así su pintoresca estación ferroviaria. Esta ciudad alpina no deja de ser el corazón de todo lo que a montañismo se refiere, morrales en las espaldas, tiendas con todo tipo de innovaciones y equipos para la práctica de cualquiera de las modalidades deportivas relacionadas con la montaña y mucho “ambiente” para reunirse a tomar un “par de copas” después de cada “hazaña”, sobre todo una en especial… el “Mont Blanc”, montaña que por muchos años ostentara el título de ser la montaña más alta de Europa.
Nuestro día adicional fue ideal para equiparnos y dar nociones básicas sobre el uso de algunos de los nuevos implementos adquiridos, igualmente comer bien y ponernos en contacto con “viejos” amigos anclados en Chamonix, disfrutando del festival “Cosmo Jazz” en medio de las frescas tardes veraniegas dando paso a noches de baile en la que nuestro grupo venezolano daba clases magistrales de baile. Y así llegó el 31 de julio día en el que la cabina 32 en el teleférico de la “Aiguille du Midi” tenía espacio reservado para nosotros. En menos de lo pensado, los empujones que casi de manera obligada nos llevaban hacia el interior del transporte que en dos tramos nos colocó en el corazón frío de la roca del “Midi” y al salir hacia sus heladas y afiladas pendientes, una luz enceguecedora nos obligo a “encordarnos” y colocarnos los equipos de seguridad apropiados, crampones, casco, piolets y harneses, para enfilarnos así hacia nuestro siguiente objetivo… el Refugio de los Cósmicos, uno de los más famosos del mundo.
En el refugio nuestra esperada llegada nos colocó en la confortable habitación “Armand Charlet”, digno nombre que identificaba a uno de los más grandes escaladores de los Alpes Franceses de la época de “Post Guerra”, era un dormitorio solo para nuestro grupo y las bromas y ronquidos de la noche solo se escucharon en “español”.
Con la luz carmesí de la mañana nos enfilamos en tres cordadas para lentamente practicar los principios básicos de la “cordada” y su avance entre las heladas pendientes del “Mont Blanc du Tacull”, uno de los “cuatro miles” de la zona del “Mont Blanc”. Y poco a poco las pendientes cubiertas de sombra comenzaron a brillar incandescentemente bajo la luz de un intenso sol que se colaba entre el azul profundo de las grietas y seracs del glaciar. A finales de la mañana nos encontrábamos en las pendientes cimeras de la montaña que repentinamente se abrieron a un inmenso horizonte que denotaba el haber alcanzado la cumbre tan deseada de la montaña. Hicimos el intento de guardar el momento en las memorias de nuestras cámaras y rápidamente emprendimos el regreso. Mientras descendíamos, un estrecho paso nos detuvo por el ascenso de otra cordada y repentinamente una voz femenina, detrás de unos grandes lentes de sol y un “Buff” que cubría su cara me saludó, llamándome por mi nombre, era Andrea Wuerz que con su inigualable simpatía contrastaba con el resto del grupo que la acompañaba, resolvimos el “atascón” y continuamos así de regreso al refugio con el gusto de una exitosa jornada.


El parte meteorológico no daba buenos augurios para los días siguientes, y nosotros ya sabíamos lo que nos tocaba… como en efecto sucedió. A partir de las 9:30 pm, una densa oscuridad comenzó a ocultar, tras un velo negro que, con intermitentes destellos de luz, le daban mayor tenebridad a la noche. No tardó en llegar la tormenta y una fuerte nevada le dio un inmediato vuelco a nuestro programa. Al despertar, muy temprano en la madrugada, todo estaba cubierto de blanco y una delgada capa de hielo desde el techo y las paredes del refugio… La suerte estaba echada, la escalada al “Mont Blanc” quedaría suspendida. Los recientes acontecimientos en las pendientes del “Mauditt”, donde resultaron muertas 13 personas y la falta de velocidad en el movimiento de nuestras cordadas, nos hicieron tomar la decisión de dedicar el día a mejorar la técnica de aseguramiento y avance en pendientes nevadas. 
Un atardecer inigualable hacia resaltar sobre el cielo purpura las “Agujas de Chamonix”. Días inolvidables las históricas montañas de los Alpes suizos y franceses nos brindaron una visión de la verdadera magnitud de estas montañas y la importancia de una técnica depurada que garantice la seguridad y así también el éxito. Lo más importante ya lo habíamos hecho, habíamos consolidado un grupo capaz de afrontar nuevos retos y, allí quedaron las montañas a la espera de un nuevo camino que tal vez sea abierto por alguno de nosotros.

Integrantes del Grupo:
Adriana Flores 
Elena Barreto
María Isabel Pecori
Viviane Chonchol
Eduardo Abad
José Camacho
Luís Simosa
Pedro Lira
Victor Rondón

Guías:
Manuel Afonso (Flaco Manolo)
Alfredo Autiero B.

jueves, 12 de julio de 2012

Valles escondidos de los Andes Venezolanos

Aprovechando la llegada de la temporada vacacional, tal vez más de uno de nosotros se esté planteando salir de la rutina, abrir el corazón a uno de los miles de lugares que tenemos en nuestro país... uno de esos en los que la única voz que se escucha es la del viento susurrando entre los "frailejones", o el canto de las quebradas arrullándonos durante un reparador descanso, ese lugar mágico está escondido en "Los Paramos".

Los "Arangures", muy nombrado... poco conocido.





Me cuesta mucho discriminar entre todos lo lugares hermosos que se extienden a lo largo de las altas tierras de nuestro país pero trataré de tomar en cuenta un elemento esencial para el visitante… la facilidad de llegada y es aquí que comenzaré hablando del “Valle de los Calderones”, llamado así, porque sus primeros habitantes fueron la familia Calderón de Mérida y algunos de sus descendientes que hoy prácticamente han abandonado el lugar. ¿Dónde está ubicado?... cerquita tal vez tan cerca que más de una vez lo hayamos visto y no nos atrevimos a llegar. Después de asegurarnos que alguien nos pueda atender, tenemos que sacar un permiso de Parques Nacionales en el módulo respectivo en la estación del teleférico de Mérida (Barinitas) y desde “Mucunután” dirigirnos hasta la estación “La Aguada” por la ruta de “La Cañada” o “Los Callejones” donde, al llegar a la casa de Pedro Peña… que también ofrece posada, nos desviaremos en dirección hacia “Los Calderones”, donde una pequeña casa que tiempo atrás ofrecía una calida posada al viajero indicará que hemos logrado nuestro objetivo, nos asombrará el encanto de la bella quebrada que resalta aún más la magia que tiene este apartado lugar. Después de salir de nuestro asombro, podremos adentrarnos páramo arriba hacia el antiguo glaciar “Norte” del Pico Bolívar, del cual dos hermosos valles nos separan, el del “Papayo” y el de “La quebrada del Sol”. Esta es una zona prácticamente dejada en el olvido desde la bajada de “Los Calderones” y Francisca a la ciudad de Mérida, sin embargo no ha perdido ningún privilegio a excepción de la calidez de sus antiguos habitantes.



Como segunda recomendación, vamos a “radicalizarnos” un poco más en el sentido de tener que tomar en cuenta que la falta de posadas nos hace tener en cuenta la posibilidad de acampada. Ambos objetivos parten del pueblo de Gavidia (Cercano a Apartaderos), por cierto en Gavidia les recomiendo ponerse en contacto con el Sr. Rómulo  de la posada “Michicaba” (Tlf: 0274-4147434) aparte de ser excelente anfitrión el podrá aclararle y ayudarlo a llegar al “Valle de Quita Sol”, que se encuentra en el páramo de Micarache, bajando hacia “Los Morritos”. El otro valle, que aunque un poco más distante, es verdaderamente una maravilla natural que pudiera ser envidia de cualquier país del mundo… me refiero al “Valle de los Aranguren”, que tomando la vía de la “Laguna del Santo Cristo” (esta puede ser incluida en nuestro recorrido si tomamos en cuenta las recomendaciones de un baquiano), al llegar al “Alto del Santo Cristo”, tomaremos dirección hacia “El Portachuelo” y finalmente, después de una larga bajada, una extensa pradera de grama y algunas casas abandonadas que nos dejarán casi sin aliento por la belleza del lugar, nos indicarán que hemos llegado. Conviene dejar bien arreglado el tema de los arrieros, especialmente en lo referente a precios, fechas y horas de regreso, número de bestias, etc. Podemos tomar como referencia que una mula y su arriero pueden costar alrededor de 2.500,oo Bs. por día. Yo les recomendaría una persona  muy responsable que es el Sr. Richard Guerrero, que lo pueden ubicar a través de la misma posada “Michicabá”.

Buen viaje y espero que queden envueltos en la mágia de los páramos de Venezuela. Para más información favor visitar la página WEB http://www.alfredoautiero.com

viernes, 18 de mayo de 2012

Sagrado y Obsceno… historia de una utopía.



Desde que el hombre pobló la tierra, su capacidad de crear, innovar, evolucionar, lo hizo un ser particular y entre las particularidades surgió la necesidad de ser “mejor” y fue así como la historia se fue llenando de aforismos que notaban la necesidad de identificarnos de manera particular a cada ser, haciéndonos ver como parte de un todo y no como un todo formado por partes, y así a los Nigerianos les dijeron “Negros”… más adelante “afrodescendientes”, y a los “Asiáticos” los llamaron “Chinos”, y a los del “Sur” “Sudacas”, y comenzamos a ver quién era menos que el otro y a generar necesidades ficticias que nos empujaron a separarnos de lo que a fin de cuenta somos en realidad… una mágica parte de un todo que se mueve al unísono hacia su “salvación” simultáneamente que a su “destrucción”.

Evidentemente y siguiendo este orden de ideas, comenzaron a existir las cosas prohibidas y las permitidas y en base a esto las culturas fueron arraigándose en el subconsciente colectivo, permitiéndole a unos cuantos la posibilidad de controlar la diversidad conductual de una gran mayoría. Y a que viene tanto misterio, que tiene que ver todo esto con lo que “Alfredo” siempre trae a colación… La Montaña.



Leyendo hoy un tema que me ha interesado y más aún “preocupado”: ¿Fue excesivo que Leo Houlding pagara 10.000 $ por escalar el tepuy Autana?, pude recordar un caso muy sonado en los Estados Unidos (específicamente en Wyoming), en el Monumento Nacional “Torre del Diablo” en el que las comunidades de nativos del área solicitaron al estado la prohibición de la escalada en esta maravillosa mole de roca alegando un significado mágico religioso, a lo cual los escaladores respondieron con el mismo argumento, defendiendo que ellos también realizaban la escalada como reflejo de una necesidad de crecimiento interior y de acercamiento a la naturaleza, a lo cual el estado dictaminó a través de una normativa en 1995, declarando a “Devil Tower” como una reserva tanto natural como cultural, sagrado para los indígenas americanos de las llanuras del norte, y libres de ser escalado con un cierre VOLUNTARIO durante el mes de junio. Este fenómeno no es aislado ni se circunscribe a los Estados Unidos, en los Himalayas el tema de las montañas “Prohibidas” y “Permitidas”, tiene un largo historial que a diferencia de “La Torre del Diablo” está manejado con una discrecionalidad diferente por encontrarse la mayor parte de la cordillera en zonas de escasos recursos donde en muchos casos la política y el dinero suelen sobreponerse a los aspectos culturales y es así como hemos podido ver como montañas consideradas como sagradas, año tras año van engrosando la lista de “apetecibles” lugares donde realizar ascensos a montañas “vírgenes” por sumas de dinero, en muchos casos inconcebibles. Un caso muy notorio es el del Monte Kailash, uno de los lugares más sagrados del mundo, ubicado en Tibet, que a mediados de los años 90 se le fuera otorgado el permiso de escalada a un grupo español, básicamente con un basamento político… el de “hurgar” un poco en la ya profunda herida del pueblo tibetano luego de la “Invasión Cultural” China a ese país, evidentemente privo el sentido común y los designios del “pueblo” fueron cumplidos… la escalada nunca se llevo a cabo.



Digno de mención también es el caso del “Sagarmatha” (Reina Madre de la tierra). Conocido por todos los occidentales como el Everest, morada divina donde solo los dioses se atrevieron a llegar y que a pesar de ello los “mortales”, con todo el sentido de la palabra, llegaron a pagar hasta 64.000 dólares por persona para ser prácticamente “transportados” hasta su cima, muchas veces a riesgo de sus propias vidas.

Venezuela no ha escapado a esta “debacle” de permisos y prohibiciones, como siempre he pensado la mejor respuesta a la “incapacidad administrativa” se llama PROHIBICIÓN, y en nuestro país hemos demostrado realmente no ser “muy” capaces en manejar los designios de nuestras Áreas Protegidas, con lo que nos hemos acostumbrado a movernos entre la ilegalidad y la corrupción para poder realizas esos “sueños” que los políticos nos han vendido para engrandecer la patria. Hazañas como las difíciles rutas para escalar el “Salto Ángel”, Roraima y Autana, entre otros se han visto opacadas por arrestos, decomisos y visitas a la Fiscalía de figuras particularmente importantes no solo dentro del ambiente deportivo nacional, sino también de personalidades internacionales… y pensar que una de las más conocidas imágenes turísticas de nuestro país que invitan al “incauto” turista foráneo a visitar esta tierra de “aventuras”, es nada más y nada menos, que la “cotizada” pared del Auyan Tepuy, desde la cual se lanza al vacío la cascada de agua más alta del mundo.


Cuanto cuesta un sueño? 10.000, 64.000… cómo me dijo una vez un artista Nepales “solo yo se cuanto cuesta mi arte… usted solo le pone el precio”. Una vez más se quiere poner precio a algo que no lo tiene, porque criticar a Houlding por su pago en el Autana si se trató de una mera relación comercial entre nativos y visitantes. Entonces tendríamos igualmente que cuestionar los 50.000 USA$ que cada persona paga por escalar el Everest o tal vez criticaremos las cuantiosas sumas por ir a Machu-Pichu y si continuamos profundizando al tema llegaremos a plantearnos cuestiones tan absurdas que nos obligarían a quedarnos encerrados en la casa y no hacernos ninguna propuesta por temor a herir “susceptibilidades” de aquellos que “quieren ir, pero no dejar ir”, con la excusa de que siempre somos nosotros lo que sabemos que es correcto pero los otros no.

Pudiéramos escribir un libro al respecto “estigmatizando” las iniciativas de otros en el intento por lograr realizar proyectos que se mueven entre lo “razonable” o no, sin embargo bastaría tal vez con seguir el sentido común o tal vez llamarlo… “instinto”, para acercarnos a lo “correcto” y evitar así convertirnos en “jueces y verdugos” de situaciones que hoy son criticables y mañana ejemplares. Hay una cosa que si tengo clara, mientras sigamos teniendo tantas prohibiciones en nuestras montañas y en las del mundo, seguirán aumentando proporcionalmente las “violaciones”, porque a fin de cuenta las montañas se escalan solo… “porque están allí”.