De la noche a la mañana, en un
abrir y cerrar de ojos, apareció una palabra que pensé había desaparecido del
vocabulario… “pandemia”. Según la definición de la RAE: “Enfermedad epidémica
que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una
localidad o región”. A partir de ese momento muchas ideas comenzaron a dar
vuelta en mi cabeza. De repente nos encontramos todos enmascarados (Cosa
totalmente prohibida algunos meses atrás), hipocondríacos, paranoicos, y con
una preocupación verdadera por un futuro incierto que la “Naturaleza” había
comenzado a exigir desde hace ya no pocos años.
En el área del turismo, que es en
la cual yo me desempeño profesionalmente, este fenómeno de la pandemia
definitivamente tendría que replantear todos sus conceptos: movilidad,
alojamiento, destinos, seguridad sanitaria, etc. Había llegado finalmente la
necesidad del cambio que tanto se había hablado, pero nunca me imaginé que
llegaría a tropezones y empujones, impulsado por una enfermedad que causaría
tantas muertes. Afortunadamente, si es que se puede hablar de “suerte”, una vez
más los hechos apuntaban a que el camino que habíamos tomado algunas personas
hacia un turismo más cónsono, un turismo que, como se llama en la actualidad,
fuera más sustentable con el ambiente y sus habitantes y sostenible en el
tiempo, un turismo más adaptado a esos cambios que nuestra abarrotada sociedad
en la que la producción, el consumo y el desecho del excedente había llegado a
niveles insostenibles… “enfermizos”.
En marzo del 2020 la OMS
(Organización Mundial de la Salud) declaró que una nueva enfermedad, el
COVID-19, podía caracterizarse como pandemia. Tan solo un mes antes de esta
preocupante noticia, me había llegado una interesante propuesta desde Uruguay,
para abordar un documental sobre nuestras montañas andinas. Ramón Cardini, uno
de los representantes de la empresa cinematográfica “Trailer Films” me propuso
comenzar antes del mes de mayo la filmación de un documental, que, con el
anuncio de la pandemia y las consecuentes regulaciones de los gobiernos
nacionales e internacionales, este proyecto de “Andes Mágicos” entró en un
preocupante letargo. Igual que este proyecto, mi calendario de actividades cayó
por un abismo cuyo fondo no se divisaba claramente, lo que al principio no me
preocupó mayormente, pensaba yo… “A fin de cuentas una gripe no puede durar
tanto tiempo”.
Y así fueron pasando los días,
semanas y meses viendo boquiabierto como la enfermedad que había causado tanta
inconformidad, terminaba con la vida de mucha gente en casi todo el mundo y
cada día más cercana a mi entorno. Era el momento de visualizar una solución
que a largo plazo diera mejores resultados en cuanto a un futuro más certero,
más humano… “más natural”. Ya no estábamos hablando de la desaparición de
glaciares desconocidos, ni de agujeros invisibles en la capa de ozono que cubre
la tierra, ni tampoco de la así llamada “Isla de plástico” ubicada en el océano
Pacífico. Ahora se trataba de un amigo, un familiar o algún ciudadano del mundo
que se enfermaba y en alguna ocasión moría. Se trataba de entender que la
manera en la que estábamos viviendo no era la más apropiada, y en este sentido,
la NATURALEZA nos lo estaba advirtiendo, tratando de hacernos entender esa
complicada y casi lógica relación que mantiene la vida en el planeta, que éramos
un elemento más de esa relación natural y no un elemento ajeno a ella o peor
aún, controladores o modificadores de la misma.
Ha sido un tiempo de
introspección, que los “místicos” llamarían de “retiro”, en el que solo dos
opciones son posibles: perder el tiempo, o involucrarnos en proyectos que a
futuro ofrecieran alternativas diferentes a las que, hasta ahora, hemos estado
manejando, alternativas radicalmente diferentes, que sean la “medicina” de esa
peligrosa enfermedad que todos estamos padeciendo… la perdida de nuestra “Identidad
Natural”.
Mientras tanto, en este año 2021,
las cosas se han ido encaminando lentamente, como suelen ser los cambios
verdaderos, lentos, aunque radicales. Aparecieron las vacunas, las personas
comenzaron a preocuparse más por su salud, a ejercitarse.Por mi parte, el año 2021, a
pesar de no contar con viajes considerablemente relevantes, he podido ponerme
en contacto indirecto, a través de las “redes”. El hecho de haber concretado la
filmación del capítulo “Venezuela” producido por Luís Ara de “Trailer Films”, y
prácticamente de manera simultánea haber sido seleccionado por la organización “EcoTrip Match” como el mejor Guía de Naturaleza del año, me ha dado la especial
oportunidad de que, lo que irónicamente había creído perder con la pandemia y
el aislamiento, me he podido poner en contacto con mucha gente y he intentado
transmitir que, somos parte de la magia que a cada momento se manifiesta en la
naturaleza, y en la medida que así lo entendamos, viviremos en un mundo más
sano… ¡Más NATURAL!
Alfredo Autiero (Nápoles, 1956) ha encontrado todas las cosas importantes de su vida en la montaña. La esencia de su ser, la religión, la sabiduría, el amor y una forma maravillosa de ganarse la vida para llevar el sustento a su familia.
Desde niño se sintió atraído por los ambientes naturales, algo de lo que pudo disfrutar fácilmente en Ciudad Bolívar, donde se instalaron sus padres cuando llegaron a Venezuela procedentes de Italia. Cuando él tenía 11 años se mudaron a Los Palos Grandes y fue entonces cuando descubrió El Ávila, la montaña que le sirvió de primera escuela en el montañismo y a la que hoy sigue considerando su casa.
Desde entonces, este venezolano de 64 años, budista y vegetariano, ha consagrado su vida a las montañas de Venezuela y del mundo. Ha estado unido a ellas como escalador, guía de montaña, operador de turismo a lugares remotos, entrenador y rescatista. También, como promotor para que esta actividad sea reconocida como carrera universitaria en Venezuela, empeño al que está dedicado últimamente. “Mientras mis piernas se muevan, mientras mi corazón se mueva, yo voy a ser montañista”, dijo en esta conversación exclusiva conCuradas.comAlfredo Autiero, galardonado este año como el mejor guía de naturaleza del mundo, un reconocimiento que otorga la ONG estadounidense EcoTripMatch.
Como al resto de la humanidad, la pandemia del coronavirus le ha trastocado sus planes. Usualmente, para estas fechas y hasta que empiezan las lluvias en el país, desarrolla susprogramas turísticosen Mérida, en el occidente; y Roraima y el Auyatepuy, en el sureste. Luego comienza a preparar las expediciones internacionales: Europa, donde escoge entre los tres circuitos más conocidos de los Alpes (Mont Blanc, Cervino o Pirineos); y África, donde está el monte Kilimanjaro, el más alto de ese continente, en julio; Nepal (Campo Base del Everest), en octubre.
Le gusta organizar sus expediciones antes de que empiece la temporada alta en cada una de esas zonas, porque así resulta más económico, la infraestructura está recién acondicionada, lo que redunda en seguridad para los expedicionarios que viajan con él y, lo que es mejor, no hay tanta gente. Aún no se ha perdido la esperanza de poder viajar este año, pero todo dependerá de cómo evolucionen las cosas en el mundo. Mientras tanto, empezó con su esposa un pequeño negocio familiar de comida hindú que venden los fines de semana.
Tampoco detiene su entrenamiento. Como ya no puede trotar siempre en El Ávila por el tema de las semanas radicales o flexibles – le cuesta diferenciar una de la otra, como a muchos de nosotros -, ahora lo hace en El Volcán o monta bicicleta. “Yo entreno todo el año precisamente para trabajar. Yo trabajo de la montaña”, sostiene.
¿Cómo llegaste a Venezuela?
Mis padres son italianos. Mi padre es de Roma y mi madre de Nápoles. Esperaban la visa para irse a Pretoria (Suráfrica) o a Venezuela, donde vivían, respectivamente, dos hermanos de mi madre. En el ínterin nací yo en Nápoles, el 16 de septiembre de 1956. Como la primera visa que salió fue la de Venezuela, se vinieron para acá. Llegaron al puerto de La Guaira el 7 de enero de 1957 conmigo en los brazos, porque apenas tenía cuatro meses. Por eso me gusta tanto viajar, porque prácticamente nací viajando.
¿En qué momento empezaste a hacer montañismo y por qué, qué te atrajo de eso?
Creo que la familia ayudó mucho en eso. Viví hasta los 11 años en Ciudad Bolívar. El negocio de la explotación minera llevó a mis padres a vivir allí. Yo me imagino que fue por ese contacto con ese ambiente prácticamente natural, porque en media hora de carretera llegabas a la mitad de una sabana donde te encontrabas con el rio Orinoco y grandes rocas.
Luego nos mudamos a Caracas y nos fuimos a vivir a Los Palos Grandes. Tenía El Ávila al lado y qué mejor momento y edad para descubrir cosas nuevas allí. ¿Qué iba yo a descubrir en un edificio? ¡Nada! Para mí era más interesante descubrir qué había en ese lugar, descubrir qué había detrás de los árboles, de las rocas, del agua de las quebradas. Ese fue mi campo de juego. Una actividad que mis padres alimentaron porque cada vez que viajaban me traían un par de buenas botas o unas cuerdas, cosas que no existían en Venezuela entonces.
Cuando entro a la UCV me entero de que existía el Centro Excursionista Universitario. ¡Imagínate qué gran descubrimiento fue para mí el hecho de que en la universidad, aparte de estudiar, pudiera practicar montañismo! Tanto así que a los dos años de haber ingresado ya era el presidente del centro. Empezamos a hacer las cosas como se hacían en otros países. Organicé un grupo de 12 personas y me los llevé a Ecuador. Fue una de las primeras grandes expediciones que hizo el grupo de montañismo de la UCV. Allí empecé a viajar: Perú, Colombia, Argentina, Europa…
Mientras estudiaba Ingeniería conocí a una persona muy importante. Eso fue en los años 80, cuando yo ya estaba en el Ministerio de la Juventud con el Dr. Charles Brewer Carías, quien me llevó a trabajar con él. Un día me presenta a un señor, Maurice Herzog, exministro de la Juventud de Francia y el primer ser humano que escaló una montaña de 8000 metros. Estuvimos en la Sierra Nevada unos días y cuando regresamos, me dijo: “Alfredo, he estado en todas las montañas del mundo que te puedas imaginar y nunca había tenido la suerte de pasar cinco días sin ver a una sola persona, aparte de ti”. Yo me sentí muy orgulloso de oír eso. Pensé que eso quería decir que en Venezuela podíamos hacer esas cosas bonitas que la gente ha olvidado que se pueden hacer, es decir, tener contacto directo con la naturaleza.
Herzog le sugirió entonces que hiciera montañismo de manera profesional. Le dijo que en Francia había un programa de intercambio para estudiar turismo y, con una beca, Alfredo Autiero se fue a ese país a formarse en lo que había querido hacer toda su vida: en turismo.
Venezuela es más que playa
¿Y por qué estudiaste ingeniería si lo que te gustaba era turismo?
Porque entonces en Venezuela solo se estudiaba derecho, arquitectura, ingeniería, medicina u odontología. Si querías estudiar, por ejemplo, robótica, no podías porque eso no existía aquí. En ese entonces tampoco había dónde estudiar turismo en Venezuela. Y cuarenta años después, creo que la cosa está peor.
Cuando regresó de Francia se involucró de lleno en la profesionalización del montañismo. Contribuyó a crear la Asociación Venezolana de Instructores y Guías de Montañas (Avigm) y comenzó su viacrucis para lograr que esa actividad tenga rango de carrera universitaria en Venezuela, una cima que aún no ha alcanzado. “Estamos tratando de ver cómo consolidamos que el montañismo o por lo menos la guiatura en la naturaleza se convierta en una carrera universitaria en Venezuela. Lo estamos intentando.
Se iba a hacer un diplomado cuando comenzó la pandemia para formar a guías de naturaleza. Hemos hablado con la universidad Metropolitana, con la Católica, con la gente del INCE, tratando de que esto se consolide. Para que no siga ocurriendo lo que tú me preguntaste, que por qué no empecé desde un principio con esto. Pues sencillamente porque no había donde estudiarlo. Yo quisiera que hoy por hoy lo haya, porque hay muchísimas personas interesadas.
`¿Por qué montañismo, si Venezuela es playa?´, argumentan. No, eso es mentira, Venezuela es montaña. Nosotros estamos partiendo de una base que está un poquito equivocada, porque creemos que somos lo que no somos. El hecho de que el norte de Venezuela tenga costas de este a oeste no quiere decir que Venezuela sea un país de playa. En un principio quisimos competir con las islas del Caribe, y eso, en mi opinión, es totalmente errado. Nos olvidamos de que apenas cruzamos la cordillera de la Costa hacia el sur, encontramos montañas.
Nada más que el macizo guayanés ocupa el 45 % de la extensión del territorio venezolano. La mitad de nuestro territorio está sobre los 2.000 metros de altura. Y todavía seguimos creyendo que la única opción que tenemos son las playas. Hay muchas opciones: ríos, llanos, las zonas frías. ¡Tanta gente que podría trabajar en turismo de naturaleza bien dirigido! Creo que esa idea la podemos rescatar. No sé por qué, pero este tema de la pandemia le está medio cambiando la cabeza a la gente, nos ha dado un poquito más de paciencia, nos ha dado una cosa importantísima que es más interacción con nuestras familias, nos ha hecho más creativos.
Un viaje a tu interior
Cuando se habla con Alfredo Autiero, involuntariamente a uno le vienen a la mente, como unflahsback, imágenes deSiete años en el Tíbet, la película protagonizada por Brad Pitt que cuenta la vida del alpinista austriaco Heinrich Harrer. Seguro de sus capacidades pero también sencillo y humilde, prefiere no hablar de cuántas montañas ha escalado ni de cuántas cimas ha alcanzado, aunque son datos que lleva registrados por cuestiones profesionales y curriculares. Tampoco le gusta hablar de las veces que ha ayudado a rescatar a personas extraviadas en las montañas, algo para lo que suelen llamarlo las autoridades porque lo reconocen como un experto en este campo.
Aun así, nos contó, ante nuestra insistencia, que ha estado 23 veces en Nepal, un territorio enclavado en el Himalaya, la cordillera más alta de la tierra, ubicada en el continente asiático. En uno de esos viajes conoció a su actual esposa, Adriana Flores, con quien ahora tiene “dos pichurros”, una de 19 y otro de 18 años; además de su hija mayor, de 35, nacida de un anterior matrimonio. Se conocieron en 1997, cuando se realizó la primera expedición venezolana a una montaña de más de 8000 metros. “Aunque es criollita, la conocí en ese viaje al Dhaulagiri. Es muy calladita, pero es tremenda deportista, una de las mejores montañistas que hay en Venezuela. Me ha acompañado siempre. Hemos ido al Kilimanjaro, al Mont Blanc, a Nepal, al Tungurahua y al Cotopaxi… Ha estado conmigo en un bojote de montañas”.
¿Qué es el montañismo: un deporte, un pasatiempo, una forma de hacer turismo…?
¡Esa pregunta es bellísima! El montañismo es lo que tú quieras hacer de él.
¿Y qué es para ti?
Para mí es la forma más bella de ponerme en contacto con algo que hemos perdido, que es la naturaleza. A nosotros los urbanos, los que vivimos en ciudades grandes, a veces se nos olvida que estamos rodeados de cosas que necesitamos y de las cuales dependemos. Poder darme cuenta de dónde sale el agua o de por qué el viento mueve un árbol; poder darme cuenta de que en ese entorno hay gente que vive y que tiene paciencia, que tiene resiliencia y tiene compasión, es un aprendizaje. Yo trato de aprender de la gente que vive en la montaña. Para mí eso es la montaña, una escuela. Tanto, que hasta he aprendido a trabajar con ella. Trato de protegerla y trato de seguir aprendiendo porque es un libro abierto que no tiene una última página. La montaña es como la vida: aprendes hasta cuando tú quieres aprender.
Sin embargo, hay gente que ha perdido el contexto y quiere llevarse la ciudad para la montaña y eso es un gran error, porque tú a la montaña a lo que vas es a aprender cómo cambiar la ciudad. Las ciudades necesitan cambios, nosotros no podemos seguir viviendo como animales, con el perdón de los animales, porque los animales siguen normas muy puntuales y precisas; mientras que nosotros no, nosotros hacemos cosas muy particulares. Tenemos la capacidad de hacer cosas buenas y también de hacer cosas malas.
Mi punto de vista es que, siempre que puedas, aprende algo de la montaña. A las personas que viajan conmigo, trato de enseñarles un poco de lo que yo he aprendido. Que vean las cosas de una manera diferente, que entiendan que hay culturas diversas en los lugares a los que vamos a las que tienen que respetar. Y que también hay ecosistemas que a veces son sumamente delicados por la altura y el frío que debemos cuidar.
Yo he podido ver los últimos rinocerontes blancos que quedan en el planeta, en Tanzania. Es natural que las especies desaparezcan por fenómenos naturales o meteorológicos, pero que nosotros aceleremos de la manera como lo estamos haciendo la desaparición de ciertas cosas del planeta que nos benefician, es impresionante. Entonces, el entrar en contacto con eso te permite hacerte consciente, primero, de ti mismo; segundo, de la gente que tienes alrededor, y tercero, del lugar donde estas viviendo en ese momento, que es tu lugar aunque sea por unos pocos días.
¿Qué te llevó al vegetarianismo?
Yo soy vegetariano de nacimiento. Mi mamá era diabética y conseguir la insulina en Ciudad Bolívar era prácticamente imposible. Entonces ella tomó la opción de llevar una vida muy sana y se metió a vegetariana y empezó a hacer yoga cuando yo estaba recién nacido, entonces todos en la casa pasamos a ser vegetarianos. Aunque el único que siguió siéndolo toda la vida fui yo, porque mis hermanos ahora ya comen prácticamente lo que sea. Pero soy muy laxo en mi casa. Acá mis hijos comen pescado y mi hijo come carne cuando quiere. Pero yo sí soy completamente vegetariano.
¿Por qué te hiciste budista?
Como te comenté antes, en la montaña vive gente y una de las montañas que más me ha apasionado ha sido el Himalaya. Y creo que fue por el contraste cultural, porque no solamente está el contraste del cual hablábamos antes, ese entre ciudad-montaña, sino que aquí hay algo más que es cultura-contracultura. Y cuando te digo contracultura es porque la cultura de la gente del Himalaya es totalmente diferente a lo que nosotros estamos acostumbrados, es una concepción completamente diferente de la vida, donde la naturaleza juega un papel prioritario dentro de lo que es el budismo como tal. Eso es lo que practica básicamente la gente de la región de Khumbu, que es donde está el Everest.
Entonces, cuando tú quieres entrar a un ambiente tienes que aprender de ese ambiente. No es solamente conocer el entorno natural, cómo se mueven los glaciares, cómo cambia el clima o qué daño te puede hacer la altura en el organismo si no te aclimatas bien. Es algo más importante: cómo debes relacionarte con la gente que vive en ese ambiente. Así comencé a conocer a esa gente que practica el budismo y comencé a hacer preguntas, a pedir que me explicaran acerca de lo que hacían y lo que no hacían.
Así, tuve la gran suerte de que cada vez que a Venezuela llegaba algún lama o rinponché (títulos honoríficos usados en el budismo tibetano) o alguna personalidad budista, siempre me llamaban para servir de intérprete o para acompañar a esa persona en sus entrevistas o lugares de visita. Y eso me hizo ahondar muchísimo más en lo que es el budismo y su alcance y cómo puede beneficiarme a mí personalmente. Eso lo mantengo como algo muy personal, muy para mí. La gente sabe que soy budista, pero jamás se me ocurriría decirle a una persona que se convierta al budismo. No, nada que ver.
El budismo se desarrolló mucho en los últimos años, sobre todo con el tema de la invasión al Tibet y la movida de muchos de los lamas hacia la India y Nepal y muchos de ellos ahora hacia Estados Unidos y Europa, se ha hecho como una cultura muy actual. El budismo habla de compasión, de control de los sentidos, de las emociones, habla del cuidado al medio ambiente, y eso me parece que es precisamente lo que estamos necesitando en estos días. Entonces sí, es un gran apoyo para mí. Le robo unos cuantos minutos al día para meditar o para concentrarme un poco en cosas importantes que me puedan estar sucediendo.
Es como cuando caminas durante muchas horas en la montaña, que entras como en un efecto hipnótico que te hace ponerte en contacto con esos pensamientos que te dicen que estás cansado, que no puedes más y tú, por el contrario, tienes que estar luchando contra eso, diciéndote que tienes que seguir caminando porque ahora es cuando vas a encontrar las cosas más bonitas del camino, que debes esperar a la persona que viene atrás porque tienes que ayudarla, que debes compartir tu agua con el que tienes al lado. Por ahí más o menos va la tónica.
de la agencia TAF en Valencia (España), he sido seleccionado entre los 5 finalistas a nivel mundial en el concurso para seleccionar al "Mejor Guía de Naturaleza" del año, este concurso es organizado desde el año 2017 por Terry Lawson Dunn de la exitosa empresa "Eco Trip Match".
Ganando este concurso, no solo sería uno de mis objetivos para promocionar el turismo de naturaleza a nivel nacional, sino me ayudaría a desarrollar un proyecto de capacitación "Aprendiendo en la Montaña", cuya intención primaria es atender la capacitació turística como "Guías de Montaña" de los arrieros, "baquianos" y trabajadores del páramo venezolano, de sectores prioritarios del turismo nacional.
Thanks to the support of Antonio Pestana Drumond, representative for Venezuela of the International contest "Eco Trip Match.com" and Guillermo Israel S Ch of the TAF agency in Valencia (Spain), I have been selected among the 5 finalists worldwide in the contest to Selecting the "Best Nature Guide" of the year, this contest has been organized since 2017 by Terry Lawson Dunn of the successful company "Eco Trip Match.com". Winning this contest would not only be one of my objectives to promote nature tourism at the national level, but it would also help me develop a training project "Learning in the Mountain", whose primary intention is to attend the tourist training as "Mountain Guides "of the "muleteers," "baquianos" and workers of the Venezuelan páramo, of priority sectors of national tourism.
If you want to support me, you can be in contact with my WEB sites: https://www.instagram.com/p/CLXuDdCn2ba/?utm_source=ig_web_copy_link
You could also help me by publishing this post. Once again ... Thank you for your support?
Allí permanecen ellas, inertes, silentes, como gigantes observadoras del tiempo. Soportando abandonos y desaciertos... esperando amor y sociego. Si, son ellas, las Montañas. Entre rocas, viento, sol y lagunas, muchas veces nos movemos sin darnos cuenta de la importancia de uno de los ambientes más impolutos que nos quedan en el mundo. Son las montañas esos espacios donde pudieramos aprender a retomar el camino, a regresar a lo que somos nosotros mismos. Necesitamos con urgencia no solo en el mundo entero, sino especialmente en esos lugares donde la naturaleza abundante exige una inmediata atención, necesitamos de esas personas que, con atención, pasión y maestría, nos puedan poner en contacto con las necesidaes que nos demanda un ambiente tan "sensible" como... Las Montañas.
Hablar
sobre todo el tiempo que ha pasado desde los primeros intentos en tratar de
ordenar el proceso para un “digno” reconocimiento de los “Guías de Turismo
especializados en Montaña” y otras actividades “Aire Libre", nos llevaría
horas, días, tal vez años. Sería como para escribir una novela al mejor estilo
“Cabrujas”, en la que afloraran todos los aspectos de nuestra realidad
venezolana. Sin embargo, esta “novela” … la de los “Guías de Montaña”, resulta
un poco más complicada por el simple hecho de tratarse de normativas,
regulaciones y acuerdos que tendrían que regir en la vida profesional de estos
indispensables servidores turísticos.
Un
presagio y reflejo de lo que ha sido este largo proceso fue nuestro penoso
viaje a la ciudad de Mérida para acudir a la convocatoria hecha por INATUR en
respuesta a una solicitud de la AGMM (Asociación de Guías de Montaña de Mérida)
y realizada por INCES y el apoyo del “CUHELAB” (Hotel Escuela de Turismo) en el
que habrían de certificarse un importante número de aspirantes a Guías de Montaña
en las áreas de Baja y Media Montaña e igualmente Alta Montaña.
Estábamos
en un “desmejorado” bus-cama de la “Cooperativa Táchira Mérida”, en el que lo
único que parecía funcionar… o tal vez no, era el “helado” aire acondicionado,
que después de un viaje de 15:20 horas, nos colocó cual témpanos de hielo, en
el Vigía y así finalmente en poco más de 17 horas (El mismo tiempo en que se
dilata un avión en llegar a Delhi-India) llegar a Mérida, donde por suerte, un
mundo de sonrisas y buenos amigos nos dieron la bienvenida al “Hotel Escuela”
donde los responsables del proceso y un grupo de interesados se daban cita para
esta especial oportunidad.
Evidentemente
este era un proceso inusitado que se había estado gestando desde principios de
siglo (me refiero al XXI) tras el trabajo personal de algunos interesados que
de manera académica o autodidacta nos habíamos paseado por la idea de
convertirnos en Guías profesionales de montaña, cosa que en nuestro país
resultaba poco más difícil que una de las más arduas escaladas imaginables. La
falta de Clubes, Asociaciones y/o Federaciónes, que de manera consistente apoyara
esta actividad, la poca demanda de este servicio turístico especializado en
programas de montaña, fueron los primeros elementos que nos obligaron a
varios de nosotros a buscar una formación académica en otros países, para una
vez finalizados, abocarnos a profesionalizar esta actividad en Venezuela a
través de las dos principales Asociaciones existentes en el país, la Asociación
de guías del Estado Mérida y la Asociación Venezolana de Instructores y Guías
Profesionales de Montaña (AVIGM), en la cual me comprometí personalmente.
El Proceso, a pesar de presentarse algo tormentoso
por los acostumbrados “regionalismos” irracionales existentes en nuestro país
en relación a la participación de montañistas y Guías foráneos al Estado
Mérida, fue tomando su rumbo, y el importante aporte de los organismos
participantes, que intentaron darle un perfil académico al proceso en sí, que
una vez superada la etapa de inscripción y selección de “Aspirantes” y
“Maestros”, poco a poco se fueron superando los contenidos y pruebas
teórico-prácticas con el objetivo fundamental de ir decantando el grupo que
finalmente, luego de sus respectivas salidas de campo hacia “La Culata”
(Aspirantes a Guías de Baja y Media Montaña) y Sector Norte del Pico Bolívar
(Aspirantes a Guías de Alta Montaña) en las que pudieran comprobar sus
condiciones como buenos profesionales en el área de la “guiatura” de
montaña.
Lo
“INNOVADOR” de este proceso en nuestro país y la diferencia entre los aspectos
metodológicos del mismo, fueron complicando y haciendo cada vez más inviable
las aspiraciones de todos los involucrados no solo las personas naturales, sino
las Instituciones, que a fin de cuenta son las responsables de reconocer las
credenciales de los profesionales en el país.
En este
proyecto (Que no fue el primero) nos pudimos percatar de la calidad técnica y
humana de algunos de los participantes y el gran deseo de las mayorías por sentirse
incluidos en un proceso de capacitación, profesionalización y acreditación que
les brindara herramientas de calidad para, no solo reconocer una labor
fundamental dentro de un importante sector turístico, sino desempeñarse
profesionalmente como prestadores dignos de servicios turísticos, con todas las
reivindicaciones que la ley debiera garantizar a todo profesional.
Por suerte, o mejor dicho, con esfuerzo,
especialmente a través de la “AVIGM” (Asociación Venezolana de Instructores y
Guías de Montaña), y la AGMM (Asociación Guias de Montaña de Merida) hemos conseguido un constante apoyo que nos ha brindado
reconocimiento no tan solo a nivel Nacional, sino también Internacional,
especialmente a través de la “USAGAM” (Unión Suramericana de Guías de Alta
Montaña) y la “UIAGM” (Unión Internacional de Asociaciones de Guías de Montaña)
que, de manera precisa y puntual, han brindado a todos los interesados,
protocolos precisos de formación que se ajusten a los parámetros exigidos por
estas organizaciones y lo más importante… por los usuarios. En este momento
tanto el Sr. Pablo Borjas como Eduardo Rojas se desempeñan como Guías de Montaña Internacional, y Carlos Pineda y Jase Munelo (Que aún se
encuentra en el proceso previo de certificación), han obtenido sus credenciales
internacionales y son reconocidos por la UIAGM como Guías Internacionales de
Montaña, trabajando; el primero, Pablo Borjas en Nueva Zelanda y el segundo,
Eduardo Rojas en el staff de profesores de la Escuela Chilena de Guías de
Montaña.
Pareciera
haber pasado un siglo… en efecto así ha sido, si contamos que este esfuerzo se
ha venido haciendo desde principios de los años 80 (Del siglo XX) con el apoyo
de la UPAME (Unión Panamericana de Montañismo y Escalada) mediante la formación
de Instructores venezolanos en el área de Baja, Media y Alta Montaña, y
siguiendo así con varios procesos que con mayor o menor éxito han sido
inconclusos, hemos llegado al siglo XXI y aún no encontramos respuestas contundentes,
principalmente de los ENTES GUBERNAMENTALES, que son los que tienen la potestad
legal de dar el reconocimiento profesional a todos los interesados en un área
laboral especifica… en este caso EL TURISMO DE MONTAÑA.Definitivamente sería injusto negar, sobre todo el esfuerzo de personas que desde MINTUR, INATUR e INCES, han puesto su empeño en cristalizar esta propuesta, con resultados que, en algún momento cercano, veremos concretarse.
Ahora
queda fortalecer las Asociaciones y permitir a futuro que las nuevas
generaciones que desean hacer la Montaña no solo su campo de entrenamiento
donde encontrar respuestas a sus inquietudes como personas, sino también una
manera confiable de mantener una opción profesional que permita transmitir
todas las experiencias que este maravilloso ambiente le brinda a los que lo
visitan, sino también hacerlo de una manera segura que respete a este frágil
ambiente y su cultura.
Es importante no dejar de destacar los esfuerzos que se han intentado realizar a través de las instituciones educativas privadas como la Universidad Catolica Andres Bello y la Universidad Metropolitana de Caracas, y más importante aún por el Tecnológico "Américo Vespucio" que ha comenzado a dictar un Diplomado para la formación de Guías de la Naturaleza "Ambito Baja y Media Montaña" que ha concluido con un maravilloso exito su primera edición... bravo por ellos.
Muy cerca
se ve un camino mucho más sencillo para lograr la meta de esta difícil
“cumbre”… la de los Guías de Montaña venezolanos, por ahora queda seguir
exigiendo al Estado un respaldo legal que garantice el profesionalismo del Guía
y continuar capacitando a los futuros interesados, para que así, puedan
desempeñarse en esta maravillosa profesión.